Vida, pasión y muerte de Zlatan Espinoza
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Zlatan Espinoza:
Microtraficante y lanza internacional, drogadicto y homosexual. Su madre, a la semana siguiente de dar a luz, se enclaustró voluntariamente en un convento. De su padre no existe información, su familia se niega categóricamente a referirse al respecto. Todo hace suponer que Zlatan es fruto de una violación.
De niño era tan retraído que los doctores creyeron que padecía algún grado de autismo y decidieron internarlo en una institución siquiátrica, donde permaneció hasta los 15 años. Ahí se destacó por sus aptitudes pictóricas y literarias, adjudicándose varios concursos con creaciones que no poseían mayor mérito fuera de los parámetros con que se evalúa a los niños idiotas…
Fuera del hospital, coquetea con el crimen y la droga. Su preadolescencia la sobrevivió transitando por todas las correccionales de Santiago y Valparaíso. A los 18 años y a tan sólo días de ser liberado, inició un incendio en su barraca y logró escapar.
Se embarca como polizón a Londres, donde comienza su carrera internacional. Helsinki, Oslo, Amsterdam, las ciudades nórdicas le otorgaron buenos dividendos y de vez en cuando pasa voluntariamente breves temporadas en sus acogedoras cárceles. De hecho, tuvo una aparición fugaz en un reportaje al sistema presidiario europeo realizado por Canal 13, quejándose porque no le habían cambiado las sábanas en toda la semana.
Su espíritu aventurero lo insta a viajar hacia el sur. Paris, Milán, Atenas, “¡Sus habitantes son tan ingenuos! “, solía decir. Hasta que en Estambul la policía lo detiene y es enviado a prisión. En ese ambiente desconocido y hostil, se arrima instintivamente a los uzbekos, que como colonia en la prisión ostentan la reputación de ser los más fuertes y respetados. La primera noche fue sodomizado por sus nuevos amigos y a partir de ese día comenzó a ser utilizado como divisa sexual entre toda las colonias de los países descolgados de la órbita soviética. Sus jornadas en prisión transcurrieron entre tareas domésticas y amatorias hasta que fue deportado a Chile.
Al llegar a nuestro país es integrado inmediatamente al vanguardista programa de inserción social ideado por el doctor y ex nazi herr Wilhelm Budenschwager.
Los resultados fueron prodigiosos: en un año su acérrima fe en Dios lo hace experimentar epifanías similares a las de los pastorcitos de Fátima. Dos años después y gracias a su inagotable esfuerzo, llega a la final del campeonato panamericano de tenis de mesa en La Paz, Bolivia. Lamentablemente en un rutinario análisis de doping, los médicos descubren que es portador del VIH, cruel reminiscencia de su amistad con los hijos de Uzbekistán. Fue suspendido de la competencia sin recibir siquiera un diploma ni una figurita de estaño.
De vuelta en Chile pone al tanto a su iglesia del terrible diagnóstico e implora ayuda. La comunidad decreta un mes de oración e intercesión por la salud de Zlatan. Una vez finalizado el ayuno y la oración se somete a nuevos análisis, cuyos resultados demuestran que se encuentra perfectamente sano. El milagro es celebrado por la congregación con júbilo y gratitud. Zlatan en señal deagradecimiento a esta nueva oportunidad, decide consagrar su vida a Dios. A partir de ese día recorrerá otras iglesias entregando su testimonio, y más tarde erigirá una iglesia propiaen la que oficiará como pastor.
La bendición es inmediata y ubérrima: En un par de meses Zlatan ya posee más de un centenar de fieles. Siente que ya es hora de casarse y ora al señor para que le envíe una mujer idónea. Aparece en su vida la dulce y pía Esther, hija del feligrés que más diezma. Pololean un par de meses y se unen en matrimonio. A los nueve meses exactos nace el primogénito, una hermosa niña a la que bautizaron como Berenice.
En los exámenes de rigor a la pequeñita, el doctor advierte una serie de anomalías. La someten a nuevos exámenes y luego de la contramuestra el diagnóstico es irrefutable: la bebé es VIH positivo.
Se llama nuevamente a la comunidad al ayuno, la oración, la intercesión. Pasan los días y nada ocurre. Su mujer, destrozada por compartir la enfermedad de Zlatan, al que considera un traidor, se lanza a la línea del metro en la estación Baquedano el mismo día de la premiación del concurso literario “Santiago en 100 palabras”. La vida es cruel, el destino sincronizó los hechos de tal manera que cuando Esther saltó y emitió un agudo grito, la multitud en la ceremonia aplaudió efusivamente.
Zlatan, abatido por la muerte de su mujer y el precario estado de salud de su hija, vuelve a sus viejas andanzas, pero una seguidilla de malas experiencias lo hacen regresar a la fe absolutamente arrepentido. Clama por lo que cree justo, clama por la sanidad de la inocente Berenice, por la salvación del alma suicida de su mujer, por la divina indulgencia a sus seres amados que inocentemente expían los pecados que él cometió.
Con insistencia y majadería logra que le realicen nuevos exámenes que arrojan como resultado su absoluta sanidad. Feliz le pide al doctor que repita el examen a su hija, arguyendo un milagro incomprensible de entender para un ser tan racional como un médico. Los resultados sólo reafirman la enfermedad de la pequeña. Zlatan está desconcertado, no sabe que pensar.
La pequeña Berenice muere un mes después por una negligencia médica. A Zlatan no le quedan ganas ni de reclamar. Se niega a recibir la triterapia y se encierra en las ruinas de su iglesia, donde meses más tarde muere de hambre.
Dejó una carta que alguien paseó durante el funeral, pero como no apareció ningún familiar, seguramente la tiró a la basura.























