La maldición atávica de Tancredo
Tags: fascistas, nazis, tancredo, Ucronia
Bienvenidos a la historia del peor de nuestros hombres, Tancredo Alemparte Nietzhager, ultranacionalista, ultramontano, monarquista y antidemocrático.
CAPÍTULO I
“El abuelito Wolfram”
Wolfram Nietzhager Lell, abuelo de Tancredo Alemparte Nietzhager. Sargento del ejército nazi, concretamente de las SS. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro del Afrika Korps, combatió en Túnez, Libia y Etiopía. Por su sobrepeso y los consecuentes problemas de salud tuvo que abandonar el frente de batalla. De ahí en adelante su vida militar se limitó a cumplir labores logísticas en el campo de concentración Struthof-Natzweiler, en la Alsacia francesa.
A diferencia de sus compañeros Wolfram no era un hombre cruel. El exiguo poder que ostentaba dado su grado lo ejercía más con curiosidad que con firmeza. Se podría decir que fue un nazi bueno (que no equivale a ser un buen nazi). Lo único reprochable de su comportamiento durante esos días fue el entusiasmo exacerbado que mostró en las quemas de libros y dos intentos infructuosos de acoso sexual a unas jóvenes costureras judías.
Wolfram Nietzhager avivando el fuego con libros de George Bataille
El 24 de Noviembre de 1944 los Aliados ingresaban a Struthof-Natzweiler. Fue el primer campo de concentración en ser liberado. La noche anterior los oficiales alemanes huían hacia la retaguardia, dejando sólo un puñado de hombres a merced del enemigo, entre ellos Wolfram, quien jamás creyó posible la caída del Reich, y en vez de salir arrancando o preparar la resistencia se puso a beber hasta quedar completamente borracho.
Esa mañana despertó con los gritos apagados de los prisioneros que se asomaban lastimeramente por las barracas. Miró por la ventana y vio como de la niebla brotaban las siluetas de los soldados aliados y un enorme tanque derribaba el frágil cerco de madera. Algunos de sus compañeros salieron a su encuentro enarbolando banderas blancas, pero fueron inmediatamente asesinados. Lo único a que atinó Wolfram fue a ceñirse un uniforme de prisionero y salir junto a los demás a darle la bienvenida al ejército libertador.
Los soldados avanzaban horrorizados entre los espectros, asqueados por su hedor y aspecto. Uno de ellos reparó en Wolfram, le pareció extraño verlo tan robusto y rosáceo entre el resto de osamentas andantes, se le acercó con el fusil en ristre y le hizo algunas preguntas en un alemán precario. Wolfram quejumbroso le explicó que los médicos del campo lo habían sometido a espantosos experimentos, uno de los cuales implicaba un brutal desorden alimenticio. Los demás prisioneros que presenciaban la escena no dijeron nada. Quizás por las atrocidades a las que fueron expuestos mantenían el recelo hacia los alemanes aún al verlos derrotados, o quizás sencillamente no fueron capaces de reconocer a Wolfram sin la formalidad y la provocación que le proporcionaba su uniforme de la Schütz Staffel. Disfrazado de prisionero no era más que un inocuo gordito en pijamas.
Fue así como realizó el éxodo hacia la zona desmilitarizada, rodeado y resguardado por quienes hace unas horas habían sido sus cautivos. Ante las autoridades se identificó como Eleazar Herschel, profesor de química de Cracovia, y hasta que la guerra concluyó vivió de allegado en la granja de unos campesinos del norte de Francia. En 1947 el gobierno francés le concedió un salvoconducto para radicarse en Palestina, pero Wolfram, temeroso de la efectividad de los organismos de inteligencia judíos, rechazó el visado y en cambio pidió uno para viajar a Sudamérica, so pretexto de encontrar a algunos familiares que habían huido antes de comenzar la guerra. El mes de Abril de 1948 Wolfram Nietzhager desembarca en Valparaíso.
Sus primeros años en Chile los vivió de manera austera y manteniendo un bajo perfil, pero al ver la total impunidad y el trato sumiso y zalamero de los chilenos, se atrevió a contactarse con otros nazis ya hacendados en el país, entre ellos uno de sus compañeros en las Juventudes Hitlerianas, famoso por su fanatismo por la disciplina y la pulcritud, su nombre era Paul Schäfer.
En una escueta misiva Wolfram pone al tanto de su estadía en Chile a Paul. Días después Paul lo invita a conocer su proyecto de Sociedad Benefactora en el sur del país. Considera que Wolfram con su experiencia en campos de concentración sería muy conveniente para sus intenciones.
Wolfram se convirtió en el hombre de confianza de Schäfer. A cargo de la organización y las finanzas hizo prosperar rápidamente la Sociedad Benefactora. A pesar de su insistencia y sus amenazas, Wolfram jamás accedió a los convites de Paul, quizás por que ya estaba al tanto de sus oscuras desviaciones. Se avocó íntegramente al trabajo y en cosa de años logró amasar una considerable fortuna. Invirtió su dinero en la importación y desarrollo de maquinaria agrícola. Para mediados de los 50 Nietzhager Maschinen era el principal proveedor del país, incluso más importante que el célebre Fabrizio Levera, alias “Gigi el amoroso”.
A los sesenta años Wolfram contrajo nupcias con Aurolinda Pichipillán, joven temuquense treinta años menor que él. La boda fue arreglada entre los padres de Aurolinda y el mismo novio. Wolfram ya había intentado acordar su matrimonio con los padres de otras chicas campesinas y no le había ido bien. Aurolinda fue la única de las chicas que no se suicido al comprender que debería vivir para siempre al lado y abajo de ese viejo abominable. Los Nietzhager-Pichipillán tuvieron cinco hijos: cuatro niñas y un sólo varón. A esas alturas Wolfram ya había perdido la razón. La arteriosclerosis, sus años de alcoholismo, una bien disimulada adicción a la cocaína más los fantasmas de su pasado nazi le estaban pasando la cuenta.
Entusiasmado por algunas leyendas teutonas y la lectura de Miguel Serrano decide consagrar su vida al Hitlerismo Esotérico. Su sueño era crear una dinastía, el V Reich en el fin del mundo, gastando su fortuna en proyectos absurdos como rastrear a Hitler en la Antártida o la investigación genética que comprobara finalmente que arios y mapuches tendrían un origen común.
Mal le fue, sobre todo con lo de la dinastía. Su hijo Friedrich se suicidó a los quince años por razones desconocidas y con él se perdió el apell
ido. Sólo le quedaban sus hijas, entre ellas Ingeborg, la madre de Tancredo, a quienes tendría que buscarles un marido potentado que rescatara la tradición y la fortuna de los Nietzhager.


























Octubre 2nd, 2008 at 21:07
Caramba! no sé por qué Tancredo me es tan familiar, su foto la he visto en otro lado…
Mi papá conoció a Paul Schäfer, me contó que el viejo andaba con un asistente que contestaba por él, algo así como un ventrílocuo y su muñeco, pero mi padre no le aguantó y le dijo que el interrogado era él y que las acusaciones eran graves (abuso de menores) pero el viejo se hacía el de las chacras; total en este país de sudacas nadie era tan genéticamente perfecto como él.
Salute
Octubre 3rd, 2008 at 1:12
Cuál es la fuente? Jistori chanel?
Octubre 7th, 2008 at 0:59
por mucho que le duela a los hitleristas esotéricos, a fines de los años 30 un ario vino a chile a recoger muestras de sangre de nuestros abuelos para probar la inferioridad genética de los sudacas. Lo más curioso es que recibió todas las facilidades para su estudio, por parte de nuestras autoridades. Por mi parte, creo descender de Gengis Khan. Tuvo como dos mil hijos así que no sería tan raro.