Puta
Tags: Putas, relatos, santos de civil, Valparaíso, Virginia Humorespor Rubén Barros
— ¿Quieres pasar? —. Dijo la puta sentada en el escaño de su puerta en la calle Eyzaguirre.
La puta era gorda y vieja. El pelo amarillo caía sobre sus hombros desnudos, descascarados al sol, repletos de manchas, y pecas, y dientes que se perdieron en la búsqueda del seno y el ombligo que sobresale más arriba de los jeans ajustados, donde su carne explota en todas las direcciones que el planeta permite, apuntando con el cutis hacia el norte, el pellejo hacia el sur y la epidermis hacia el centro, llevándose con cada disparo fallido, los pedazos de cinturón que terminan cubiertos por la carne de puta, que la puta no quiere cubrir, pues no le importa ni eso, ni que se vea, ni que se analice el por qué, o el cuándo, o el hace cuánto de las estrías en la ladera superior de los pechos.
Puta. Puta la huevada. Puta siempre puta.
Puta senil.
Puta de maquillaje tosco, mal mezclado y chillón.
La piel carcomida y gastada, de puta carcomida y gastada…
Puta poblada de arrugas que delinean sus ojos de puta transparente que ya no tiene color para rellenar el paso del tiempo, el imbatible, que lo único que le ha concedido es el cutis moreno, de tez trabajada por el sol y el invierno, de puta sin descanso, de puta sin vacaciones, de puta destruida por el alcohol y el cigarro durante las noches de juventud y trabajo infatigable, con brazos y piernas abiertas, y boca abierta, y culo abierto de puta que lo quería todo y que todo lo perdió por el vicio, y el cigarro, y el alcohol, que bebió a sorbos que le quemaron la garganta para poder seguir, Dios, Dios de mierda, dijo la puta, metida en la cama de puta joven e insaciable, querendona la puta, juguetona la puta, saltando sobre uno y otro, con el cuello cargado de joyas y las manos prendidas y esposadas de cadenas que se derritieron en anillos de oro que finalmente cayeron, quién sabe dónde, cuando ya la puta vendió todo, al ver que los años pasaban y la figura perfecta de puta joven se iba inflando, desproporcionándolo todo, ganando la batalla la grasa, la odiosa, la que nunca se iba y nunca se fue, y que rellenó la cintura para salir por el vientre, y por los brazos, y el cuello, cilindrando las piernas, sobrecargando el culo, el que se fue al suelo, llevándose, con su constante gravitatoria, a senos y clientes, que ya no volverán porque todos están muertos, puta putita.
Puta que mira y repite su frase.
Puta de vida puta.
Puta que vive sentada en el escaño de su puerta, frente a la pared amarilla de su casa de la calle Eyzaguirre, que está a punto de caer sobre ella, llevando sobre su cabello teñido, todas las piezas y cubículos musgosos que forman lo que hemos llamado casa, y que sólo es una casa de putas, puta la huevada, donde sólo viven putas viejas y feas que maman al borracho para luego escupir sobre los vidrios rotos, intentando acertar en medio del patio de luz, humedecido por los desagües y las goteras que caen, agrietando el adobe, y las tejas, y el asbesto, y los nidos de palomas que ya todo lo han resquebrajado con su mierda multicolor, que desciende como un arañazo imborrable sobre la fachada, donde cuelgan paraguas torcidos sobre cables secos que ya nada transportan y que nadie ha querido o ni siquiera pensado en quitar, dejándolos al olvido o al apacible ojo de la costumbre que nada ve, ni nada siente, ni nada quiere cambiar, porque todo es igual, y conforme, y correcto, dentro de la monotonía de esta vida de puta que sigue descascarándose como las hojas secas que se fueron de la mano del viento, huyendo de la podredumbre y del abandono de la casa, y del barrio, y la ciudad, y el país de brazos y piernas abiertas de puta gastada que trata de armar un pedazo de pan, sentada sobre el escaño de su puerta en la calle Eyzaguirre, sin aspirar a más que un cigarro en la boca y un poco de alcohol en las venas, y otro poco de perfume en el cuello, y unos jeans apretados que le rompan la circulación de las venas, infectadas de amargura y desazón cuando murmura la frase y la red se lanza al mar, y la caña flota en el río, atrapando transeúntes demacrados o trastos viejos que flotan en la calle, porque hay que comer como todos los putos días del año.
Puta hambre.
Puta necesidad.
Comer, dice la puta, hasta que llegue el presente, o el futuro, o el día en que al escaño le pase una grúa, y un camión, y un bototo de obrero, que avanzará con el casco de demoliciones pegado en la frente, para cubrirse y protegerse de las arañas y de la muerte oxidada que podría caer desde el techo cuando camine rompiendo la puerta del cuarto negro por tanto brasero, y leña, y cigarrillos mal apagados, entre gotas secas de semen y sudor de cerveza evaporada, de tanto moverse y quejarse la puta, para dejar satisfecho al semental demoledor de casco y bototos que echará todo abajo, en aras del cambio y el progreso de la puta calle Eyzaguirre.
Puta vida
Progreso, puta la huevada el progreso de puta que no llega, y que no llegó, porque no le interesa un pedazo de ciudad como ése, que nadie quiere poseer, ni pagar por él ni por ellas, las putas de la calle Eyzaguirre, a las que también nadie quiere amar, ni por los pocos pesos que piden a cambio de su mercancía, gastada y abierta de tanto dedo que entró y salió, resbalando entre las paredes de una vagina de puta, llevándose el chasquido acuoso entre las sábanas de la puta vieja, que no aguantaron y se rompieron con el peso de la grasa del culo gordo que esparció su gelatina sobre el colchón hundido al medio, que hoy topa el suelo, manchado con el aceite de la olla que apenas hervía, porque ya no quedan muebles para tirar al fuego, ni ahora, ni el próximo invierno, de esta puta calle Eyzaguirre donde le cielo gris y espeso se funde al pavimento mal oliente, coktel de orina y escupos, y babas de cerveza, para depositarse sobre el cabello sin vida de la puta gorda, de raza de puta gorda, de pies embarrados por las tierras del norte, y del sur, y del centro, y de la periferia de Santiago que la escupió para caer en la calle Eyzaguirre, donde la puta se sienta en el escaño, día y noche, para lanzar con su voz arrastrada la pregunta de hambre y sueldo y paga de fin de mes.
— ¿Quieres pasar?
— Hoy no, putita rica, hoy no.

























Octubre 5th, 2011 at 22:59
Muy bueno.Hya que estar atento al “Fraseismo”