
Por Alice Antoin.
-Usted no sabe nada señor, no conoce al degenerado del piano que acosaba a mi hija cada tarde, nosotros con Eugenio quisimos que aprendiera piano por la sencilla razón de que a los dos nos gusta la música clásica pero somos negados para cualquier disciplina artística. Sí, mi marido fue el que insistió y yo terminé accediendo. Fuimos hasta su casa e incluso miramos la disposición de los objetos, los colores de las paredes, las fotografías, me entiende… Hasta sus diplomas en ejecución musical estaban ahí. Por lo que se ve vive con alguien, porque había dos tazas, dos platos y dos pares de cubiertos sucios. O tal vez es un flojo, quien sabe. Lo cierto es que traicionó nuestra confianza.
Ella llegaba todos los sábados hasta su casa durante cuatro horas, que mi marido aprovechaba para limpiar el auto o dormir la siesta. Yo planchaba o veía la televisión, hay un programa de cocina que dan en ese horario que tiene recetas muy ricas.
Amanda es muy buena. Va a la iglesia los domingos, e incluso se prepara para la confirmación, canta y toca el órgano en la misa, y les hace clases a los niños pobres. Es una buena cristiana. Toda su familia la adora. Es tan apegada a sus abuelos, digamos que es una niña sin malicia. Hasta el año pasado jugaba a las muñecas con su prima. Este año ha cambiado un poco, se ha cortado el pelo y usa zapatos un poco más altos. A veces venía a buscarla un muchacho que creo que es actor, está de novio con una joven que estudia medicina. A mí no me gusta porque creo que tiene otras intenciones con ella, y cada vez que se acerca por acá no la dejo salir, o le doy tan solo 15 minutos para que esté con él en la puerta. En verdad la pretenden varios jóvenes que viven cerca de nuestra casa. Nunca ha llegado tarde porque mi marido es celoso y posesivo con ella y no la deja salir mucho. Salvo para las actividades de la iglesia, claro.
- Y digamos señora, ¿Quienes más pretenden a su hija?
- Mmm…Estoy casi segura que un muchacho flaco que vive acá cerca, como a dos calles, usa el pelo largo y se llama Esteban, él y su hermano estudian leyes. A mi esposo le parecen simpáticos, bromea a veces con que esos son buenos partidos, por la profesión. Pero a ella no le interesan porque solo los saluda en la calle, amable como siempre, amable como lo es con todo el mundo, amable como con la Señora Nana, a quien a veces ayuda con sus hijos, que son muy traviesos y se le escapan a la calle.
Del resto de los jóvenes no sabría dar fe, solo sé que algunos son alumnos del colegio de hombres que está enfrente.
- Volvamos al profesor de piano. ¿Notó usted algún comportamiento extraño en ella los últimos meses?
- No, ninguno. En nuestra casa nunca hay problemas, somos una familia bien constituida, mi hija se comporta como una buena niña, ya se lo dije.
- Ahora conversaré con usted, Señor.
- Adelante, pregunte.
- Profesión.
- Empleado público.
- Edad.
- Sesenta años.
- Motivo de la visita.
- No sea idiota. Los dos sabemos por qué estoy aquí, y esto está lejos de ser una visita.
- Veo que está de mal humor, Señor.
- Sí, de pésimo humor desde que tuve que venir aquí por la imbecilidad esa del piano.
- Del pianista, querrá decir.
- Eso mismo. Del imbécil del piano.
- Descríbame a Amanda.
- Una mujer común y corriente.
- ¿Mujer? Pero si tiene solo 16 años.
- Está bien. Una adolescente.
- Prosiga.
- Vamos al grano mejor. Yo siempre lo supe. Desde que entré por esa puerta y vi esa casa que era como de vagabundo. Estaba casi en ruinas, lo único que podía verse en un estado aceptable era el piano vertical. Unos cuantos diplomas estaban colgados de la muralla. Algo de suciedad por falta de limpieza, unos discos sobre la mesa. No, no eran discos, películas en discos.
- ¿Dvs?
- Eso mismo.
- Dígame los nombres si se acuerda de alguno.
- El tango en Paris.
- No será; ¿El último tango en Paris?
- Eso mismo.
- ¿Usted vio esa película antes?
- ¿Es la de Brando con la jovencita cierto?
- Sí, la película erótica donde se denigra a la mujer. Más que erótica es pornográfica.
- Bueno, no entiendo que tiene que ver esto de la película, lo cierto es que el tipo ese creo que ha estado seduciendo a mi hija.
- ¿Podría señalar algo más?
- Que un día haré justicia por mis propias manos. LEER MÁS »