El Cielo de las Novias

Agosto 2nd, 2011 | Tags: , , , , , , ,

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por Carlos Moyab

En el glorioso ascenso de Dante y Beatríz por el Paraíso
Obviaron mencionar un rincón pequeño, pero no por eso menos importante
Entre las estrellas fijas y las almas triunfantes
Un lugar  esterilizado e impecable
Donde radican todas aquellas novias
que por arcanos motivos fueron tan mal amadas.

En ese lugar, pequeños perros
-cuyas razas, para nombrarlas,
hay que gesticular como si se lanzara un escupitajo-
hacen cabriolas para agradar a sus madres hechizas.
Gatos huraños, con pelaje de castratis
Les lamen los pies, sus vientres,
Dibujándoles con sus lenguas ríspidas
ciertos meridianos y trópicos
que guiarán al afortunado nocturno
-al paño de lágrimas que saca al clavo-
cuando sus ojos ávidos se reflejen
sobre la estela de saliva seca.

Joyas les resplandecen en las manos
En sus cuellos, diademas en la frente.
Mediante la oración y los secretos quirúrgicos
han llevado la piel de sus rostros a tales límites de tensura
que al menor gesto pareciera que la cara se les fuese a rasgar
dejando entrever la carne fresca, el músculo fatigado
bajo la piel pálida que se abre
como una hialina cortina de semen al viento.

Una serie de galanes de telenovela a escala
vestidos a la manera de los santos
observan impávidos la escena.
Ellas mismas los han inmortalizado en el yeso
Dibujándoles en sus rostros
Gestos de tanta dulzura, consideración y devoción
que los mismos bienaventurados no son capaces de aguantar las lágrimas
Y es su propia ternura alcalina la que corroe el yeso sacro
Cubriéndole sus rostros angélicos
de espantosos surcos y montículos.
Ellas desesperadas
No tardan en compensar las cicatrices blasfemas
Con un poco de base y colorete.

Por las tardes ellas fuman, juegan a los naipes
Beben sus tragos -Té las más hipócritas-.
Hasta que de pronto, a modo de actividad grupal,
Una toma su relicario y de él saca un enorme pañuelo.
En él aparecen grabados ella y el desgraciado.

-Mírate, ahora estás regia, amiga, te ves feliz- es el comentario generalizado.

Y con lápiz labial le dibujan verrugas al infeliz, cicatrices,
Las más vulgares se restriegan la tela en sus partes pudendas.
El resto imita el ejercicio, con las lenguas traposas por el alcohol narran sus calvarios,
Para luego exorcizarse en ese aquelarre ciego y condescendiente,
Mediante el fuego, el látigo, y el desengaño lésbico.
Una a una desaparecen, de la mano de improvisados amantes,
Las más limitadas se aferran a amores de antes.
Las noches son música, lascivia y baile.
Sus cuerpos hinchados de meteorismo
parecen flotar en esa reunión de Tupperware del Infierno.

Antes de revolcarse con los verracos, pedirán una breve tregua,
-un minuto para arreglarme, cariño- dirán, entornando los ojos frente a las vergas enhiestas
En un gesto que pretende ser sensual,
pero que solo evidencia
el zapateo alcohólico de las pupilas

y  la abdicación de los párpados

ante las escleróticas surcadas por deltas sangrantes.

Entonces, en la intimidad del toilette celestial
Querrán acomodarse sus partes, retocarse el maquillaje
Mas no encontrarán nada en el sinfín de espejos que rodean la sala.
En vez de su reflejo
Sólo hallarán pequeños tramos de horizonte invertido.
Tal cual les ocurrió
Cuando se les pidió encontrar razón

en el interior de sus almas.

Episodios de la vida de Virginia Humores VII “El Pastor Humores y el Milagro de la Regeneración de Hímenes”

Julio 11th, 2011 | Tags: , , , , , ,

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por Carlos Moyab

Don Izrahías Humores von Marees. Obispo de la Iglesia Impacto de Dios. Sentado cebando mate en la Calle 4, o Calle de los Hermanos. Cárcel de Puente Alto. Julio 2011

I

Alguna vez llegué a ser el obispo de la congregación más grande y pujante de Puente Alto -incluso me atrevería a decir que de Santiago, ergo la más grande de Chile-. Por diez años me desempeñé como pastor auxiliar de ese templo y bajo la sombra del pastor Nehemías Carrasco, de quién -perdóname Jehová si cometo pecado de arrogancia- me declaro heredero de su carisma y espiritualidad. Hice una carrera que me permitió ser la carta más idónea al momento de buscar su reemplazo a la cabeza de la congregación, luego de que el buen Dios decidiera reclutarlo en su ejército de ángeles a través de una trágica y confusa muerte mientras proclamaba la gloria de Cristo en el exclusivo puterío Passapoga. La palabra de Dios da fruto donde menos lo imaginas, me decía. Las cataratas de sus ojos parecían brillar.

Cinco años alcancé a estar a la cabeza de dicha Iglesia. ¿El resultado? Tripliqué el número de fieles y a través de una elaborada estrategia junto a mi grupo de contadores, que implicó subirle el pelo a los cultos. Para ello dejamos de invitar a algunos charlatanes -¡Dios Todopoderoso, si hasta hubo pastores que no contentos con sanar tullidos les corregían sus dentaduras con prótesis y amalgamas de oro y diamante!-, reducimos el nivel de llantos y gritos y con un análisis exegético más depurado, más científico, logramos atraer a profesionales jóvenes y gente con un mayor nivel intelectual, ergo mayor poder adquisitivo, lo que se tradujo en diezmos que reventaron el alfolí de la Iglesia…

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La Teología de la Desconfianza: Acerca de las apariciones de la virgen en un pueblo sin futuro.

Julio 4th, 2011 | Tags: , , , ,

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Por Natalia Berbelagua (Alice Antoin)

I

Se puede nacer en Santiago, en Cachiyuyo, en Lebu o en  Calama. Nacer en Villa Alemana es cosa rara, siempre hay que explicar donde queda, de qué se vive, porqué se llama así, qué significa vivir en una ciudad dormitorio. Este pueblo está podrido desde sus cimientos y eso que no me considero un fatalista. Gracias a las apariciones de Miguel Ángel ese trabajo lo ha hecho la televisión. De un tiempo a esta parte los hombres andan como muertos vivientes, las viejas como alucinadas. Ahora todos rezan el rosario, en el supermercado, en los pool, en las cantinas no se habla más que de la famosa virgen, de las nubes, de sacarse los zapatos, de comer tierra. Algunos exhiben las fotografías en grandes álbumes, las llevan en el maletín para mostrárselas a sus amigos que no creen en los milagros. Esos son los menos. Los más perspicaces, que generalmente son los más ebrios, hablan bajito y dicen que algo tienen que ver los milicos, que han estado muy callados, que porqué la virgen se aparecería en un pueblo tan ordinario como éste.

Yo no creo en nada. La virgen del cerro para mí es tan falsa como los retos de mi profesora, cuando mi hermana casada le dice a su esposo que le duele la cabeza en la noche, o que me saldrán pelos en la palma de la mano. Hasta a mi perro lo miro con recelo. Un perro no puede llamarse Lassie y tener la mandíbula hacia afuera, las patas cortas, la cola tipo plumero. Arturo Prat no puede haber sido tan bruto de lanzarse de cabeza al barco enemigo.

Siempre pienso que soy inteligente, que por más que me tratan de meter el dedo en la boca, soy más listo, voy un paso adelante. Así que del Montecarmelo ni me hablen. Lo peor es ser astuto y menor de edad, porque te humillan de la peor forma y si reclamas por un leve sentido del ridículo más encima te dan de correazos. Eso me pasó ayer, que me llevaron obligado al cerro, me pusieron ese chaleco de lana que tanto odio y me peinaron al medio para que me viera con pinta de retrasado, como tanto les gusta a las madres. LEER MÁS »

Algunas apariciones del Ángel Exterminador

Mayo 22nd, 2011 | Tags: , , , ,

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X…, ángel destructor, jefe de alguna jerarquía de demonios, ha emergido del Averno y se ha hecho verbo en un ser con modales de oso y apariencia de tigre.


“Vengo a preveniros de aquel ángel insurrecto,
Errata de Dios Padre, Mal que lleva en tránsito tanto tiempo como el Tiempo.
Acecha. Desmiembra. Condena al desafortunado incauto.
Les hablo de un ser mineral forjado en el llanto del planeta en parto.
Lo reconoceréis por sus ojos, registro de todas las tonalidades del mar.
La sombra de sus pasos fue atesorada por los primeros hombres.
Sobre ellas erigieron sus cementerios,
Y sus herederos sus templos…”

Barón Pasquale di MontePijas


Agazapado sobre el dintel
Nos vigilaba con las alas tensas
Asomaba su lengua negra y afilada, como el áspid
El neón de la noche reptaba sobre el esmalte azulino de sus dientes.
Sin pensarlo dimos media vuelta y corrimos por nuestras vidas.
Sin mirar atrás, maniquíes de sal, elevamos una tímida plegaria.
El ángel no salió tras nuestro con sus fauces dislocadas.
No le fue necesario
En un suspiro lo teníamos enfrente.
Olisqueaba nuestros rostros, la danza de sus pupilas nos ardía en la piel.
No nos devoró, como temíamos,
No sacó un machete de su pringosa alforja
Para escalparnos y cambiar nuestras cabelleras
Por licor y jarabes en el almacén del paquistaní usurero.
No.
Simplemente lanzó un bufido de fastidio sobre nuestros trémulos párpados
Y con una voz que más parecía de niña habló:

“En verdad os digo, mis amantísimas bestias, que llegará el día en que vuestros ridículos corazones serán escuchados. Sí, creedme. Vuestras lágrimas, los fantasmas de vuestros suicidios irresolutos, vuestros absurdos ejercicios poéticos, -¡vosotros mismos!- podréis soñar con un destino distinto a acabar devorados por los tiburones ni humillados por el balde de orín”

Sonata del odio.

Mayo 17th, 2011 |

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Por Alice Antoin.

-Usted no sabe nada señor, no conoce al degenerado del piano que acosaba a mi hija cada tarde, nosotros con Eugenio quisimos que aprendiera piano por la sencilla razón de que a los dos nos gusta la música clásica pero somos negados para cualquier disciplina artística. Sí, mi marido fue el que insistió y yo terminé accediendo. Fuimos hasta su casa e incluso miramos la disposición de los objetos, los colores de las paredes, las fotografías, me entiende… Hasta sus diplomas en ejecución musical estaban ahí. Por lo que se ve vive con alguien, porque había dos tazas, dos platos y dos pares de cubiertos sucios. O tal vez es un flojo, quien sabe. Lo cierto es que traicionó nuestra confianza.

Ella llegaba todos los sábados hasta su casa durante cuatro horas, que mi marido aprovechaba para limpiar el auto o dormir la siesta. Yo planchaba o veía la televisión, hay un programa de cocina que dan en ese horario que tiene recetas muy ricas.

Amanda es muy buena. Va a la iglesia los domingos, e incluso se prepara para la confirmación, canta y toca el órgano en la misa, y les hace clases a los niños pobres. Es una buena cristiana. Toda su familia la adora. Es tan apegada a sus abuelos, digamos que es una niña sin malicia. Hasta el año pasado jugaba a las muñecas con su prima. Este año ha cambiado un poco, se ha cortado el pelo y usa zapatos un poco más altos. A veces venía a buscarla un muchacho que creo que es actor, está de novio con una joven que estudia medicina. A mí no me gusta porque creo que tiene otras intenciones con ella, y cada vez que se acerca por acá no la dejo salir, o le doy tan solo 15 minutos para que esté con él en la puerta. En verdad la pretenden varios jóvenes que viven cerca de nuestra casa. Nunca ha llegado tarde porque mi marido es celoso y posesivo con ella y no la deja salir mucho. Salvo para las actividades de la iglesia, claro.

- Y digamos señora, ¿Quienes más pretenden a su hija?

- Mmm…Estoy casi segura que un muchacho flaco que vive acá cerca, como a dos calles, usa el pelo largo y se llama Esteban, él y su hermano estudian leyes. A mi esposo le parecen simpáticos, bromea a veces con que esos son buenos partidos, por la profesión. Pero a ella no le interesan porque solo los saluda en la calle, amable como siempre, amable como lo es con todo el mundo, amable como con la Señora Nana, a quien a veces ayuda con sus hijos, que son muy traviesos y se le escapan a la calle.

Del resto de los jóvenes no sabría dar fe, solo sé que algunos son alumnos del colegio de hombres que está enfrente.

- Volvamos al profesor de piano. ¿Notó usted algún comportamiento extraño en ella los últimos meses?

- No, ninguno. En nuestra casa nunca hay problemas, somos una familia bien constituida, mi hija se comporta como una buena niña, ya se lo dije.

- Ahora conversaré con usted, Señor.

- Adelante, pregunte.

- Profesión.

- Empleado público.

- Edad.

- Sesenta años.

- Motivo de la visita.

- No sea idiota. Los dos sabemos por qué estoy aquí, y esto está lejos de ser una visita.

- Veo que está de mal humor, Señor.

- Sí, de pésimo humor desde que tuve que venir aquí por la imbecilidad esa del piano.

- Del pianista, querrá decir.

- Eso mismo. Del imbécil del piano.

- Descríbame a Amanda.

- Una mujer común y corriente.

- ¿Mujer? Pero si tiene solo 16 años.

- Está bien. Una adolescente.

- Prosiga.

- Vamos al grano mejor. Yo siempre lo supe. Desde que entré por esa puerta y vi esa casa que era como de vagabundo. Estaba casi en ruinas, lo único que podía verse en un estado aceptable era el piano vertical. Unos cuantos diplomas estaban colgados de la muralla. Algo de suciedad por falta de limpieza, unos discos sobre la mesa. No, no eran discos, películas en discos.

- ¿Dvs?

- Eso mismo.

- Dígame los nombres si se acuerda de alguno.

- El tango en Paris.

- No será; ¿El último tango en Paris?

- Eso mismo.

- ¿Usted vio esa película antes?

- ¿Es la de Brando con la jovencita cierto?

- Sí, la película erótica donde se denigra a la mujer. Más que erótica es pornográfica.

- Bueno, no entiendo que tiene que ver esto de la película, lo cierto es que el tipo ese creo que ha estado seduciendo a mi hija.

- ¿Podría señalar algo más?

- Que un día haré justicia por mis propias manos. LEER MÁS »

Ipsushi Yanagisawa. Un samurai perdido en una guerra fantasma.

Mayo 9th, 2011 | Tags: , ,

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Mi nombre es Ipsuchi Yanagisawa, soldado primero del Ejército del Imperio de Japón, y en mi calidad de radio-operador formé parte de la patrulla que desembarcó esa mañana de Octubre de 1944 en una de las tantas islas sin nombre del Pacífico (grupo de valientes que hoy,  casi 60 años después, tanto ha dado que hablar). Éramos 7 hombres a bordo del bote-entre ellos mi compañero de armas y vecino de toda la vida Hiruki Quasimoto- e íbamos al mando del capitán Kujira Monogatari, condecorado infante de marina y famoso de antes que comenzara la guerra por su disciplina y aplomo casi suicida. Nuestra misión: establecer un punto de comunicaciones que informara de la presencia de submarinos enemigos en la región. Desde la costa pudimos ver alejarse al Yukikaze, destructor de la serie Kagero y emblema de la IV Flota Imperial. Aún podíamos escuchar los gritos de nuestros camaradas despidiéndose desde cubierta cuando una serie de torpedos hicieron blanco en el buque, partiéndolo prácticamente por la mitad y dejando centenares de cadáveres y supervivientes a medio calcinar, que flotaban aún en llamas sobre un enorme manchón de combustible. Pronto los cuerpos llegaron a la playa, y nosotros indignados juramos venganza, cavamos tumbas y los despedimos con honores. Después de eso no nos quedó más que montar guardia diariamente hasta que llegasen nuevas instrucciones. Nunca llegaban. La bitácora del capitán Monogatari se fue llenando de palitos y X que simbolizaban los días, semanas, meses hasta que, sin un puto lugar donde seguir anotando en sus puñeteras páginas, formaron un considerable cúmulo de años inmóvil en los rieles del Tiempo, tal como los bebés de orca que se extravían y sólo atinan a llorar estáticos en medio del vasto y turbio océano. En todo ese tiempo no interceptamos ni una mísera comunicación, nuestra o enemiga. Rastreábamos anhelantes las ondas de radio pero sólo escuchábamos ese ruido semejante a la lluvia que resulta más desolador que el mismísimo silencio. El día que divisamos una embarcación tripulada por un puñado de curiosos marines norteamericanos -semidesnudos y botella en mano que parecían estar celebrando algo, incluso los  acompañaban algunas mujeres- y luego de asegurarnos de que otra vez no se trataba de una mera alucinación, los espantamos a tiros y entonces el mundo volvió a rotar. Con los últimos alientos de las baterías, la radio captó un mensaje a los soldados japoneses que luchaban en las islas del Pacífico. Sólo alcanzamos a escuchar que en Tokio la gente nos celebraba, y que en las radioemisoras y en los cines, tanto en los de Japón como en los de tierras enemigas, se hablaba de nosotros. Dos minutos de transmisión, sólo eso alcanzamos a escuchar antes de que las baterias se agotarán y de vuelta al silencio. Nosotros no sabíamos nada, sólo mirábamos anhelantes a los aviones que sembraban la isla de panfletos y provisiones, que el capitán Monogatari nos impidió revisar so pena de un juicio marcial, creyendo que se trataba de propaganda enemiga y de comida envenenada. Debíamos huir despavoridos a las cuevas, a nuestra red de túneles, temerosos de todo lo que pudiese provenir de los fatídicos ronquidos de aquellos motores infernales…

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