Scofield y Patitucci en Chile
Tags: Jazz, Musica
El festival de Jazz de Providencia es de lo más entretenido que ocurre en una fecha en la que permanecer en Santiago es insufrible. La calidad de los músicos es de primer nivel y este año no hubo fiascos como en la versión anterior con el flautista Griminelli.
El único reparo es que a los organizadores se pusieron codiciosos y subieron el precio de las entradas. Pero siempre está la opción de verlo desde la ribera norte del Mapocho, que en esos días se ve tan bonito como el Támesis.
El último día del festival fuimos con el Hermanihui (personaje mítico) a ver a John Scofield y a John Patitucci. Teníamos listo el chal y el cocaví, el pack de heladas y los cuetes. Llegamos una hora antes del show. Fui avanzando entre la gente para ubicarme frente al escenario. De pronto nos topamos con una reja. ¿Qué onda?, se nos acercó un tipo y muy amablemente nos explicó que para ingresar al “recinto” debíamos pagar una entrada. Oye, te volviste loco, allá al frente es con entrada, y no es como para confundirse, hasta hay un río en medio. El tipo sonrió y nos indicó dónde debíamos pagar la entrada. Técnicamente es exactamente lo mismo que hacen los flaites en los barrios bravos cuando arman barricadas y cobran peaje para poder pasar.
La entrada costaba 1500 pesos. Bueno -pensé- seguramente hay amplificación, de repente alguna pantalla, puede que resulte hasta más entretenido, pero NADA, sólo una galería repleta de gente que seguramente no distinguía entre Miles Davis y Ray Coniff. Ni loco iba a pagar por una ubicación tan precaria. Es como si un gueón estuviera fuera del Estadio Nacional cobrando una gamba por dejar escuchar los goles.
Caminamos alrededor de la reja con la intención de colarnos, pero en todo el perímetro había guardias enormes. Todo mal. En todo caso no era para sorprenderse, el alcalde de Providencia es ese nazi del Labbé, y si fuera por él, tendría un par de tanquetas y a un montón de milicos con la cara pintada y la bayoneta calada.
Nos fumamos un caño para pasar el mal rato y nos quedamos sentados fuera del sector “privilegiado”. Teníamos una visión oblicua del escenario, pero se escuchaba igual. Había un montón de gente en la misma onda, pasándola bien pilsener en mano. Al rato nos percatamos que la reja estaba entreabierta y nos infiltramos con la técnica del “forastero concentrado”: mano en el mentón, rostro contemplativo y discutiendo sobre el calentamiento global o sobre qué libro es más fome, “Crítica a la razón pura”, de Kant; o “El Leviatán”, de Hobbes. Los guardias ni se acercaron. Seguramente el aura de sabiduría que irradiábamos los atemorizó.
Al final disfrutamos del recital en toda su plenitud, sentados en la galería casi vacía, extasiados con el virtuosismo de Scofield Trio. Y no nos importó el chicharreo constante del río ni que el escenario estuviese tan lejos. Total, es GRATIS.
Video Scofield en Santiago, enero de 2007
























Febrero 11th, 2007 at 23:29
Buena pití:
Puta me hubiera gustado haber ido, pero tube que cumplir mi rol de buen amigo en la graduación de la mina del ricky martin…ta bueno el blog..chaito no mas
Seba
Marzo 13th, 2007 at 22:37
Continuando con mi tarea de comentar en todos los escritos de LGA, les cuento que hay veces que algunas cosas pueden ser gratis, por ejemplo (y además es en provi) el 30 de Marzo hay un concierto de música clásica..quizás es una lata, pero como la ñoña que me declaro, es una panorama. La sala Isidora Zeguers de la Chile, siempre tienen actividades. Cabros!! Si hay que salir a buscar, la música está en todas partes. Hay cosas simples que los pueden hacer feliz. Cómanse un algodón de azúcar por ahí!!
Marzo 25th, 2008 at 3:21
hermanigui….
me fumaste toda la yerba, jaja…estuvo buena la entrada con la mano en el menton…
esa te la enseñe yo, igual que el baile del camionero…
grande herman
buen blog