Episodios de la vida de Virginia Humores
Tags: Literatura, Porno, Ucronia, Virginia Humores
Kevin Marambio. ex compañero de universidad. Bebiendo terremotos en el bar L’Assassinat.
Conocí a la Virginia en la universidad. Fuimos compañeros en un curso electivo bastante aburrido y de tanto hacer la cimarra nos hicimos amigos. Ella era simpática, no era muy agraciada pero tenía algo especial, ese je ne sais pas que la hacía gozar de cierta popularidad. En esa época nadie se hubiese imaginado que terminaría convertida en una piedra angular del porno. Yo me enteré de pura casualidad. Con mi ex mujer una noche decidimos añadirle picardía a nuestra intimidad y fuimos a rentar una de esas películas para adultos. No tardé en reconocer a Virginia, lograba transmitir su encanto aun tras esa concentración de pieles brillantes y gemidos. No se por qué grité de alegría y le comenté a mi ex que la chica que enfrentaba a ese par de negros en la pantalla había sido una buena amiga de universidad. A ella no le causó ni una gracia. Esa noche no hubo acción y no me habló por una semana. Al año siguiente nos divorciamos…
Virginia era del sur, no recuerdo bien de qué lugar, pero sí recuerdo que su padre era un tacaño de colección. Había recibido de herencia centenares de hectáreas de bosque nativo, pero sólo explotaba una minúscula fracción, con lo que apenas le alcanzaba para vivir en una casa diminuta. Virginia y sus dos hermanas dormían hacinadas en una habitación. Nunca logré comprender cómo poseyendo tanto terreno y tanta madera su padre no fue capaz de ampliar esa rancha que se caía a pedazos.
Su vida estuvo siempre marcada por la carencia. A veces nos contaba historias terribles que no sabíamos si creer o no, como cuando descubrió el papel higiénico. En su casa se estilaba limpiarse con agua u hojas secas. Virginia ya estaba grande, había comenzado a frecuentar las casas de sus compañeras de colegio, y sorprendida al ver baños sin bidé, le daba vergüenza preguntar y optaba por ducharse después de cada cagada.
Don Tancredo, su padre, hasta de una incómoda gotera en el lavaplatos se las ingeniaba para ahorrar. Por las noches le colocaba un tapón al lavaplatos y en las mañanas se aseaba con el agua que se había acumulado, luego precavido de que nadie lo viera la hervía para el desayuno.
Seguramente esta fue la razón de que a Virginia siempre le atrajeron los hombres mayores, millonarios y derrochadores. El último novio que le conocí se llamaba Alfredo y era 13 años mayor que ella. Era algo calvo y tenía un aspecto senil que pretendía contrarrestar vistiéndose como un adolescente y escuchando a todo volumen música de moda a bordo de su todo terreno. Por su forma de hablar y gesticular era sencillo colegir que lo suyo era el narcotráfico. Por un tiempo se convirtió en el invitado estelar de todas nuestras fiestas, en todas derrochó dinero y cocaína a destajo. Pero pronto sus reacciones absurdas y violentas nos intimidaron y decidimos no invitarlo nunca más.
La última vez que vi a la Virginia fue el verano del 89. Fui a la facultad a guerrear unas notas y ella estaba tramitando la congelación. Después de realizar estos trámites nos fuimos a un bar a conversar largo rato. Me narró sus desdichas de amor. Con toda naturalidad me relató cómo unos días atrás Alfredo había viajado casi 300 km en taxi para llegar a su casa absolutamente jalado a exigirle explicaciones por un celo infundado. El tipo no quedó conforme y comenzó a golpearla en la calle frente a sus compañeras de universidad y vecinos. Luego las emprendió contra la Mónica, la india Mónica, su compañera de pensión, a quien sindicaba como la culpable del comportamiento indiferente de Virginia. La Mónica se crió en un orfelinato de los cerros bravos de Valparaíso, así que como era de esperar no aguantó la afrenta y le dio de combos y patadas hasta que unos transeúntes lograron arrebatarle de las manos al pobre novio que ensangrentado y sollozando clamaba piedad.
Todo esto Virginia me lo contaba mirando hacia la ventana, hablaba con aire distante mientras el cigarrillo se consumía lento entre sus dedos. Yo por mi parte me esforzaba por imaginar esa situación tan tórrida y ridícula. También miraba discretamente las formas de Virginia, se veía bastante guapa y sabía muy bien las carencias que debía sufrir con un novio viejo y cocainómano. No lograba dejar de figurarla retozando sobre mí y gritando obscenidades, pero a la vez me asaltaba la imagen del cocainómano persiguiéndome a balazos. Cuando imaginé esto último carcajeé espontáneamente pero inmediatamente simulé un arranque de tos.
























Noviembre 21st, 2007 at 13:54
fantastico, la saga de la actriz porno esta de pelos. la pobrecita no conocia el confort jaja q pena
besos
Claudia
Noviembre 28th, 2007 at 20:24
HOLA SOY LA INDIA MONICA, RECUERDO CADA INSTANTE DE ESA PELEA, FUE ALGO FANTASTICO NUNCA LE HABIA AFORRAO A ALGUIEN TAN FUERTE EN LOCICO, BUENO CORRIJO NO FUE SOLO EN LOCICO.
DEBIA DEFENDER A MI AMIGA DE LOS MALOS TRATOS DE ESE COCHESUMARE, A PARTE QUE LE REGALABA MONOS DE PELUCHE A LA POBRE EN VES DE REGALARLE CALZONES, BUENO YO LE PASABA LOS MIOS ALGUNAS VECES.
AUN RECUERDO CUANDO ESCRIBISTES ESA HISTORIA RELATADA POR VIRGINIA.
BESOS CARLITROS PLATO
CATALINA
Diciembre 14th, 2007 at 7:37
jajaja excelente, está como para una teleserie jajaja.
Saludos.
Noviembre 25th, 2008 at 3:54
[...] cerrar todos los ciclos antes de emprender el viaje, así que después de mucho tiempo volví al barrio donde crecí. Todo permanecía idéntico a cuando me fui, el progreso ni siquiera se había asomado por ese [...]
Diciembre 15th, 2008 at 3:23
[...] la mano y con los dedos marcaban la página que supuestamente venían leyendo. De pronto apareció Virginia, la más caliente de mi generación. Nunca imaginé que le interesara la literatura, más me sorprendí cuando me dijo hola y se sentó [...]
Agosto 25th, 2011 at 10:00
A ratos me pregunto: ¿cómo es posible? La red no me deja de inquietar. Gracias por esta página, los contenidos que consideras están buenísimos.