Encuadres
Tags: Literatura, Mujeres, Poesia…sólo un ojo que busca los elementos tangibles y no los juzga sino que los expone fríamente. Arqueología del facsímil y por lo mismo arqueología de la fotocopiadora.
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Chicas malas, chicas buenas. Todo asunto de faldas termina irrevocablemente en unos tragos, obviamente sin la mujer que los provoca. Toda ella reducida al objeto, finalmente, de una discusión muy política. Una discusión de cómo deben ser las historias; acerca de un orden del discurso; quiénes los sujetos, los objetos, los móviles y la exacta cronología de un devenir. Selección y exclusión.
- Dos sujetos, uno frente al otro, beben whisky en un bar. Ambos con los ojos extraviados –no se piense aún en los efectos del alcohol–. Uno luce un ojo inflamado, el otro aún aprisiona un pañuelo contra su nariz de sangre menguante. Brindan por el desastre: todo lo que empieza como comedia termina como tragedia, parodia uno. El asunto ya no tiene nombre de mujer, se trata más bien de un pleito de territorialidad. ¿Quién ocupó más? Las comparaciones son inevitables, y en cada una se laceran los recuerdos. Buitres después de la batalla, las palabras corrompen las pocas ruinas y en el último trago ya los dos sujetos vuelven a ser amigos, convencidos de que no ha quedado nada en la memoria del otro que pueda ser propio. Ahora el territorio es común; un sitio de paz frecuentado solo para confirmar una negación.
- Un correo electrónico. L ha enviado su versión literaria de los hechos. Amigos en entredicho, una cabellera larga y oscura. Bichas, esclavas de los caprichos de su vulva. Delicada pero procazmente, L se ha despedido de una de ellas, no sin olvidar el detalle de adjuntar copia a P. Evidente, el asunto es entre ellos. Un gesto de notable elegancia. A lo Carver. La historia soterrada se transparenta en cada espacio del interlineado de un texto, digámoslo, clasificable dentro de las reseñas literarias.
- Las chicas, buenas o malas entran en escena, puede ser el bar; las faldas y las cabelleras claras y oscuras como implementos de utilería, a veces decoran el cuadro, otras lo completan y, solo muy ocasionalmente, sugieren el punto de fuga del encuadre.
























