Historia de un poema que nació muerto
Tags: Casimiro Boamorte, Literatura, Poesia
Era el verano del 2005. Estaba acampando en Caburga solo, atormentado por un amor absurdo y pensando seriamente en lanzarme al cráter del volcán o tirarme al lago con un balón de gas amarrado al cuello. De pronto, en el sueño recibí un salvavidas. Experimenté una epifanía. Todo ser que padece inquietudes poéticas, sobre todo los mediocres, los espíritus disipados que soñamos con vivir como escritores pero no escribimos nada, anhelamos esa revelación, esa idea que aflora y nos es dictada al oído como si fuera un evangelio. A mí me ocurrió. Una noche soñé con una bestia magnífica, un cisne negro, y volví a soñar tres noches con él y me largué a escribir excitado por una idea que había emergido íntegra desde mi subconsciente, ergo no podía ser de nadie más. Era única.
Cuando volví a la civilización, lo primero que hice fue indagar sobre mi fantástica criatura, y claro, la realidad me enrostró mi infinita ignorancia. Existen los cisnes negros. En Nueva Zelanda son casi una plaga. Hay 50 poemas y relatos titulados “el cisne negro”, además de una compañía de danza brasilera. Incluso hay una película de piratas con ese nombre.
Bueno, de ese aparente síntoma de genialidad quedaron poemas, cuentos y otras tonterías, he aquí una.
Los Huerfanitos
Brinden conmigo, fantasmas, maniquíes,
ceniza de poetas muertos, voz de la noche
por la desolación que nutrió nuestra semblanza
por el exceso que jamás atenuó el tormento
por la maldita insularidad de los huérfanos de luz
Prevengo al mundo de mi desmesura,
¡Habitantes del núcleo sulfúrico, volved a vuestros sepulcros,
Os suplico piedad, no me culpéis por no temer
a vuestra osadía y anhelo ya muerto!
Soy zurdo, mis escritos los inspira el demonio,
mi diestra obedece al buen Dios
quien no muestra mayor destreza en mí.
Evoco las crónicas de un viaje desgarrador
la estéril búsqueda de un prodigio en delirio
El Cisne Negro, milagro de Satán, ángel caído
alucinación apócrifa, de hábitos nocturnos
Altazor y Maldoror a sus pies suplicaron olvido
Concebido en un burdel y parido en un pesebre
por las noches yo le soñé
desgajando miembros como pétalos de gardenia.
Despegué en su búsqueda
enarbolando gallardetes de muerte
cual fuego de artificio en una noche de tristeza y bruma
MUERTE, MUERTE, MUERTE…
Blasfemé hasta desgarrar mis comisuras
¿Pirotecnia o luciérnaga ebria?
Nada de eso
solo la víspera de unos días sin Sol.
Deambulé por el Cosmos
expugnando feudos fantasmas
proclamado Señor de una tierra que me aborrece.
Sin eje ni órbita periódica,
rebotando de gravedad en gravedad
extraviado en todos los desiertos
para emerger en la certeza del propio erial.
Me travesti del funámbulo nietzchiano
y remonté el Gólgota pero olvidé mi cruz.
Cubrí mi cuerpo de tatuajes incomprensibles,
666 estrellas de David en el torso
lunas menguantes en los pómulos
El atuendo sacro que consagra la vida a su madre la Muerte.
Sacro como la hez del más sublime poeta
el remedo ecléctico de todas las liturgias del universo.
Afuera un perro le ladra a una rueda
En la basílica gritan amén ante el más pueril estímulo
Me debato entre luz y penumbra
Apostasía y fe.
La revelación me asalta imprudente
Mientras lloriqueo en un cementerio sin muertos
Y a veces extraños dejan flores a mi puerta.
Fui peregrino de planetas extintos,
confinado en la amarga locura
navegando entre la lluvia negra
montado en gatos alados, también negros.
El sol trazaba círculos sobre los planetas estáticos
Sobre las cabezas de los seres de ceniza
Bautizados con el polvo del lecho de un río ya muerto
Redimiéndose en el ardiente recuerdo
de una gloria remota y ajena.
Padeciendo el eterno retorno de la maligna ascendencia
factor de transfusiones aciagas, casta siniestra
El infortunio atávico que transluce la sangre
que irriga el sublime rincón de la carne en crucifixión
mientras de espaldas al mar y con los ojos cerrados
lanzaba una moneda a las aguas
asegurándome un siglo de miseria e infortunio.
Indagando entre manantiales y volcanes activos
su rastro me guió a un cementerio de aves migratorias
Soplando tenuemente sobre la ceniza
una pálida silueta afloró de tan débil anonimato
¡Eras tú, Luz! Praxis de la existencia de nada
busco en tu regazo algún vestigio de un amor útil
en tu piel, manto sicalíptico,
vagabundo entre precipicios y desiertos,
catedrales en ruinas y bosques
cementerio de criptas metálicas
fractales de inefable color
que se distinguen desde el espacio.
en tu ombligo náufrago entre dos abismos.
en tus ojos que jamás se extinguen
como la peor interpretación de la nostalgia
Trazo en ellos hemisferios y trópicos mas aún me extravío
entre los fragmentos de color que se expanden por tu pupila
hasta disolverse en la nube láctea
¡Verme reflejado en la hermosura de tus heridas!
De ellas afloró el dolor que me volvió la vida.
…
Animal de circo, de cabriolas sobreviví
en el mismo verso nací y morí
¿Cuántas espinas hay hoy en mi corona?
Las siluetas se contraen hasta abandonar su sombra
convirtiéndose en un puño apretado
y unos ojos ciegos que flotan el líquido amniótico
de vuelta al claustro ventral de una madre sustituta
sea virgen o derechamente puta
no importa
la vida recobra el misterio
y nos vuelve a parir sin líneas en las manos.
Los ciegos no discernimos
si estamos despiertos o si aún dormimos.
Hacemos nuestros sueños realidad
porque nuestra realidad es la oscuridad.
Podemos distinguir sombras en la sombra
créeme, el mal refulge en las tinieblas
Infierno y edén claman por luz, luz, más luz…
























Agosto 10th, 2007 at 17:54
absolutamente bello
su admiradora
Agosto 17th, 2007 at 3:54
-bueno, es verdad, algo de belleza hay en ese cisne negro,pero no es más que un mamarracho frente a”lo más bello que nos dejó el maldito siglo que se fue”
-… pero, en que sentido dices tu?
-ya tu sabes mammiiita
apapachamientos y ronroneos
Casimiro
Septiembre 19th, 2007 at 23:26
que poema mas bonito, me encantó.
es desolador,y la situacion en la que lo escribiste es perfecta
¿quien eres?