El Rapto

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En verdad os digo, que un día la poesía llamará a los justos
Y éstos, para alivio de quienes se arruinaron amándolos, por fin lograrán escapar de si mismos
Guiándose por la voz categórica
Hipnótica…

La voz que auguró la desgracia en las alturas de Delfos

El trueno que estableció los mandamientos en el monte Sinaí, y que siglos después sembró la muerte en los incautos
encriptada en los delirios edulcorados de Cristo

El vocoder que tradujo los rayos de un Sol hambriento de la sangre de mil vírgenes
en la voz de un bigotón sifilítico llamado Nietzsche
y en la de un viejo ciego al que los hombres y los no tan hombres llamaron Borges.

Volviendo a los justos, sentirán que algo comienza a gestarse en ellos
algo así como una guardería de poemitas origamizados en parásitos
que laten pendiendo boca abajo, asidos a las ruinas de sus órganos.

Sus cuerpos sufrirán dolorosas innovaciones:

Los esternones rasgarán sus tórax
emergiendo amenazantes como la proa de un barco que vuelve del Infierno.

Los omóplatos mutarán en dos pares de élitros (como las libélulas)
y con ellos los lindos alzarán el vuelo en caóticas formaciones
millares de egos exacerbados que eclipsarán el alumbrado público,
dibujando en la noche extraños poliedros.
Una enorme mota de smog holográfico que baila torpe y lento

Frotando sus alas zumbarán
un verso tan largo que de ser escrito
bastaría para amenizar dos trayectos de la Luna a Marte
Sin regreso.

Una plaga de poetas se cierne
sobre un mundo en el que ya no habrá poetas que nos defiendan.

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