Spleendidas tardes en mi cama

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baudelaire6Si no fuera porque el exceso de bronca me trajo una bronquitis de la puta madre, hace rato ya habría esparcido pólvora en mis amígdalas. O tal vez una rebanada definitiva de cogote y espinazo con el cable de la plancha… no lo sé, cualquier medida drástica que devolviera mi dignidad extraviada. Así como Kurt, así como Curtis. Así como lo hicieron -o lo harán- un buen día todas esas pocas personas que admiro…




Y aquí me tengo: yaciendo entumecido, escupiendo alquitrán y eyaculando sangre, jadeando como cerdo y riendo con tristeza de lo patética que luce la gente que quiero cuando se viste de vanidad.




Casi nunca puedo sacudirme del tedio. Casi nunca, porque de cuando en cuando suelo desviarme a la cantina y tomar cerveza hasta no sentir mejillas, apenas esfínteres. Suelo morir al día siguiente, entre recuerdos escurridizos y dolores inexplicables.




El resto es siempre igual: resucito a regañadientes antes del tercer día, entre la confusión y el hartazgo, anhelando una felicidad con cuerpo de puta cara que corre dichosa a mi encuentro, con un cartón ganador de la Lotería en la mano.




Y aunque ahora mismo en mi cama todo me parece bien, casi nunca puedo sacudirme este horrible tedio.



One Response to “Spleendidas tardes en mi cama”

  1. Andrés Rodríguez Aranis Says:

    En eso estamos… en la ineludible carrera spleendídica.
    Un abrazo.

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