Metales Pesados
Por Gabriela Muñoz
(Laboratorio Poético La Gran Arcada)
If I groundloop during my flying lesson on
Saturday you might wake up and find me
next to you”.
Catherine, Crash, David Cronenberg.
Hace 12 años que descubrió la película Crash, y desde ahí que no pudo dejar de excitarse con la chatarra y los accidentes automovilísticos. Frecuentaba desarmadurías y talleres mecánicos, se enamoraba de soldadores al arco, miembros de la SIAT, y uno que otro chofer de grúas. Desempleada, pasó varios meses comprando el diario en búsqueda de un trabajo que le acomodara. Cuando apareció el aviso de que necesitaban una cajera para el peaje Lo Prado en la ruta 68, no dejó pasar la oportunidad. Se quedó con el turno de noche.
Motores, luces, barras que parecían penes gigantes levantándose a voluntad a un toque de botón. Su nombre impreso en cada boleta, signo inequívoco de marca a fuego en cada automovilista: Fabiola Cárcamo Silva. Feliz de controlar a sus amantes imaginarios, feliz de ser deseada, que 60 pasen por su caja cada 5 minutos, que sea su mano la que les alce la barra.
Una cámara de seguridad proyectada en una esquina vigila sus masturbaciones en el cubículo. A veces la mira de frente, le gusta seducir al guardia del otro lado de la pantalla en sus ratos libres, las madrugadas de los días de semana. Ha visto pasar actores, animadores, políticos y toda clase de personas comunes, sin embargo, nada la llena más que la cantidad innumerable de automovilistas con prótesis ortopédicas que alcanza a ver desde su casilla y que con agudeza visual siempre encuentra el inicio metálico que reemplaza artificialmente la extremidad amputada, soñando con poner sus manos encima y sentir esas piezas en ella, coqueteando con el límite del daño y la herida. Como regalo de un Dios perverso que la vigila, llega una noche su cambio de turno. Su relevo es un joven con un brazo menos quien sin entender nada choca contra la pared ante el impulso violento de Fabiola por abalanzarse e intentar por todos los medios meter esa gran prótesis dentro de su diminuta boca. Desconcertado intenta alejarla pero la cajera lo arrincona como si no hubiese mañana y comienza a desvestirlo sin dejar de acariciar su brazo artificial. El joven asustado, presiona el botón de seguridad en un acto desesperado por impedir la inminente violación y por restablecer la cordura en ese espacio concesionado.
Llega el gran guardia, el que conoce el cuerpo de Fabiola al revés y al derecho. El que ha espiado cada movimiento y se ha masturbado en la sala llena de televisores.
El joven se tranquiliza, Fabiola se detiene. El guardia mira a su musa, la que lo ha acompañado en sus solitarias noches y le dice:
-“Por fin sita Fabiola”.
Empuja al manco quien en medio de la confusión decide partir lo más rápido posible mientras la mujer y el guardia comienzan tocarse sobre las bolsas monedas que están sobre el mesón.
Fabiola no alcanzó a cumplir el sueño de la prótesis, pero el gorila la mantuvo ocupada por los siguientes 30 minutos.

























Mayo 10th, 2012 at 1:14
Heavy Metal! <3