Tancredo Alemparte N. Bicentenario Project: el monumento a Jaime Guzmán más grande del mundo

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Querido sobrino Luci:

No había tenido tiempo de felicitarte por tu nombramiento como ministro (tu tío Sebastian es hombre de palabra). No sabes cuanto me alegro de que un tipo como tú: ultramontano, monógamo, conservador, monarquista y antidemocrático, llegue a dirigir ese  ministerio que en manos de esa bolchevique impúdica ( Dios se apiade de tu alma, impía que osaste interpretar a nuestra santa Teresa) sólo se encargó de propagar la decadencia humana.

Al verte fiero e inclemente exterminar todo atisbo del cáncer concertacionista en tu ministerio, recuerdo cuánto admirabas a tu tío Jaime y cómo lo escuchabas extasiado cada vez que hablaba por horas sobre cómo debíamos proteger nuestra patria del marxismo.  Su inteligencia y corazón casto fueron un referente para ti y tus primos. Recuerdo esa vez que el Augustito, el hijo díscolo de la Cocó y que ahora tu tío Sebastián lo tiene como Seremi de Educación, aprovechó que Jaime tomaba una siesta sobre el diván para sacarle las gafas. El niño apareció en el comedor imitando los gestos recios de Jaime. El pobrecito tuvo que cerrar los ojos y ponerse de cuclillas para evitar las nauseas que le provocaban los gruesos cristales. Las pesadas gafas cayeron al suelo y Augustito acabó vomitando sobre ellas. Todos se desternillaron de la risa. Todos excepto tú, que indignado las recogiste y las limpiaste prolijamente para luego ir en silencio a depositarlas sobre el rostro angélico de tu tío. Ese día supe que ibas a llegar muy lejos. Por eso cuando tu padre rasgó vestiduras porque querías estudiar teatro, Jaime y yo intercedimos para que comprendiera que lo tuyo no era un acto de locura si no más bien de arrojo, un movimiento táctico con el que buscabas infiltrarte en ese gremio de afeminados y drogadictos para inseminar con tus principios republicanos y escolásticos esta sociedad tan dejada de la mano de Dios.

Querido sobrino. No sólo estamos unidos por nuestros nobles apellidos. También compartimos esa condición de distintos que cargamos en nuestras respectivas generaciones. Nos tocó ser los soñadores de la familia, seres de luz abrumados por inquietudes artísticas lo más alejadas a los crímenes estéticos a los que el comunismo nos ha tenido acostumbrados. Yo no pude tener un espacio donde desarrollar este don, me veía siempre en riesgo de que esas bestias me llamara momio hijo de puta. Tú sí que lo hiciste bien: en esas teleseries en las que actuaste además de retozar con las chinas más deseadas siempre mantuviste tu estampa señorial incólume. Aún en el papel de repartidor de pizzas la clase se te salía por los poros. No hubo director, guión ni coprotagonista que lograra sacarte el acento déspota y esa facha de latifundista que hacia que las mujeres berrearan al verte. Luchaste fieramente junto a tu escudero Felipe contra esa milicia de sátrapas que para las elecciones corrieron a acuartelarse en sus comandos de izquierda y desde ahí se burlaron de ustedes sólo por soñar con un Chile mejor (Y así les fue a esa manga de afrancesados, no tardarán en pedir asilo en alguna embajada).  Hoy, que a través tuyo la cultura vuelve a las manos de los chilenos de buena voluntad, me atrevo a desempolvar el ambicioso proyecto que diseñé meses después del asesinato de Jaime y que soñé hacer realidad el día en que el país volviera a ser libre y guiado por hombres justos.

En qué consistirá la obra de la que habla mi tío Tancredo, te preguntarás. Qué tipo de manifestación artística podría expresar todo lo que significó Jaime en nuestras vidas y en las de tantos chilenos de bien. Bueno, Lucianito querido, mi homenaje consiste en una estatua ciclópea de Jaime. Un monumento recio y  magnánimo ubicado frente a la Moneda y que simbolice el faro que guiará el gobierno de Sebastián y posteriormente el de Joaquín. He pensado en todo. La enorme estructura, de 20 metros de alto y conformada del acero más resistente y el hormigón más denso, será anclada fuertemente a ese espantoso museo subterráneo que nos dejó la gorda maoísta. Así, si llegasen a volver los marxistas al poder (Dios no lo permita) no podrían deshacerse de este Jaime de Rodas porque también significaría destruir ese museo atroz.

Nada nuevo me trae mi tío Tancredo, dirás. Pero aquí viene lo bueno.

Un sistema de espejos irá montado en la nuca del coloso. Su función será captar los rayos de Sol y dirigirlos a través del cráneo hacia las pupilas. Ahí una réplica gigante y con las dioptrías exactas de esas gafas que Jaime haría tan populares, se encargará de amplificar y convertir toda esa energía lumínica en un haz de fuego que cruzará la Alameda y volverá a encender la Llama de la Libertad. ¿Puedes creerlo sobrinito querido? A tu tío Sebastián le temblará el mentón al presenciar ese acto mirífico. Pablo, el roto Moreira, Joaquín, el huaso Coloma, todos ellos te tendrán en alta estima por gestionar esta reivindicación de la historia en agradecimiento a la figura ejemplar que fue Jaime . Incluso estoy planeando la manera de incluir a Mi General Pinochet en la escena, pero de sólo pensarlo me saltan las lágrimas.

Dentro de poco te enviaré los planos y los datos de algunos amigos para que entren a la licitación. Seguramente también habrá donaciones. Bueno, ahí vemos como repartimos.

Se despide tu tío

Tancredo Alemparte Nietzhager

One Response to “Tancredo Alemparte N. Bicentenario Project: el monumento a Jaime Guzmán más grande del mundo”

  1. Gringo Says:

    Excelente!

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