Josesito (extracto de “Los Griegos”)

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viejo-culiao…Hace unos años, no muchos, fuiste un bebedor de colección. Un saltimbanqui ridículo e insufrible al que todos encontraban divertido, pícaro. No conocí a nadie que no riera con tus bromas ni que se negara a los tragos que invitabas a quien se te cruzara por delante, lo conocieras o no. Eras un borracho tal cual los caricaturizan los humoristas mediocres. Eras el clásico borracho feliz, al que de una u otra manera el destino surtía de dinero suficiente para embriagarse todos los días hasta la inconciencia…

A temprana edad consagraste tu vida a la fiesta sin medir consecuencias, y despreciaste con toda el alma a quienes enfrentaban la vida de un modo distinto. Solías perderte durante semanas completas en cantinas y burdeles para luego volver a casa  con la mejor de las sonrisas, y peor aún, te indignabas si no te recibíamos de igual manera.

Estas desapariciones, estas abducciones, como solías llamarlas riéndote solo y sin tener el menor sentido de lo que implica ser abducido, a nuestra madre parecían no preocuparle; con o sin ti continuaba descomponiéndose con la misma velocidad y resignación en las rutinas domésticas. Cada vez que volvíamos del colegio, antes de saludarla con un beso le preguntábamos si habías llegado. Ella negaba de espaldas, sin desviar la mirada de los vegetales que lavaba y de la olla donde bullía la sopa. Mientras servía los platos nos decía que no valía la pena inquietarse, que si te había ocurrido algo realmente malo nos enteraríamos por los noticieros. Si no, es que anda emborrachándose con alguna aparecida, remataba en ese tono tan propio de las telenovelas que veía sagradamente cada tarde. Almorzábamos en silencio, con el audio de la tele de fondo. Nosotros, sobre todo Josesito, (yo ya iba en séptimo básico), permanecíamos atentos a cuanto decían en las noticias, rezando para que no te mencionaran a ti ni a alguien con tus características. La mamá cuchareaba de su plato, totalmente ausente, atenta a una tele que transmitía una dicha muy distante de esa cocina. A veces incluso sonreía o gesticulaba de la nada. Su atención volvía a la mesa sólo para regañarnos si no habíamos terminado de comer o para mandarnos a hacer las tareas.

Las ganas de volver a casa siempre te venían tarde de noche. Te sentíamos trastabillar frente a la puerta de calle, sacabas ese enorme llavero que parecía contener las llaves de todas las puertas del mundo, y que en tus manos entumidas por el alcohol tintineaba como un pandero evangélico. Luego de unos cuantos intentos lograbas dar con la llave correcta y abrías la puerta y te sumergías en la oscuridad del living, sosteniéndote en las paredes y esquivando de memoria los escasos muebles que jamás alguien cambió de posición. Alcanzabas el interruptor de la luz de la pieza de mamá y ahí parado bajo el marco le largabas tus explicaciones. Ella jamás te recriminó de vuelta. Uno, porque te conoció alcohólico. Dos, se acostaba tan cansada que tus llantos y  balbuceos no lograban despertarla del todo. Luego de discutir un rato contigo mismo te venías a nuestra habitación. Cuando la sombra de tus pasos bloqueaba la luz que se filtraba por debajo de la puerta, yo y Josesito nos cubríamos con las frazadas hasta la nariz y nos hacíamos los dormidos. Apenas entrabas sentíamos ese olor a podredumbre que emanaba tu pesada respiración. Te sentabas en la cama junto a Josesito y le hablabas al oído: hijito, soy tu papá, cómo te has portado, le decías, intoxicándolo con tu hálito abyecto. El pobre niño aguantaba la respiración hasta que ya no podía más, entonces comenzaba a moverse y a quejarse, simulando tener una pesadilla. Tu lo arrullabas y lo volvías a tapar. Le dabas un beso de buenas noches en la frente, te ponías de pie y te  quedabas mirándome. Desde el catre superior del camarote yo te vigilaba fijamente como un búho. Sosteníamos las miradas hasta que levantabas las cejas y volvías donde mamá, dejando tu esencia indecente flotando en la habitación. Impregnada en las paredes. Después me era imposible seguir durmiendo. Desvelado por tu olor y por los traqueteos del catre contra la pared mientras técnicamente violabas a nuestra madre, y finalmente tus posteriores ronquidos. Yo bajaba a tranquilizar a Josesito. Lo abrazaba hasta que se volvía a dormir. Mientras trataba de entender donde diablos te habías metido todo ese tiempo.  Qué costaba tener un mínimo gesto de deferencia hacia nuestra madre. Todas las maldiciones que se pueden leer bajo las tablas de aquel camarote  las escribí para ti durante esas noches de insomnio. Las horas fluían lentas hasta que aclaraba, los pájaros comenzaban a trinar y las micros a rugir en la calle. Nuestra madre se levantaba a preparar el desayuno y a vestirnos para ir al colegio. Procurábamos no meter mucho ruido porque tu seguías durmiendo. Feliz.

Hace unos días  fuimos con Claudia, mi mujer, al bautizo de la hija de Josesito. Después de la fiesta nos quedamos conversando alrededor del fuego hasta que nuestras mujeres se fueron a dormir. Entonces recordamos  esas noches con mi hermano. Fue un diálogo incómodo y tan desgastador que probablemente dejemos de vernos por un tiempo, pero es un apartado en nuestras vidas que para superarlo debemos enfrentarlo. Exorcizarlo. Lejos lo más doloroso fue recordar la mirada de nuestra madre durante esas mañanas. Nos abrochaba los zapatos y nos servía la leche con unos ojos que no distinguían lo corpóreo ni el tiempo. Tratamos de descifrarla, de definirla, pero no encontramos un concepto que alcanzara la dimensión de esos ojos tan mal amados. Lo más cercano que encontramos fue el vacío.

3 Responses to “Josesito (extracto de “Los Griegos”)”

  1. ladron de caballos y buscapleitos... Says:

    Buen relato perro asqueroso, creo que has logrado retratar lo que sucede en buena parte de las familias locales con padres de mierda y madres zombies. se esperan nuevas entregas de los griegos, con su personaje estelar aristides sobacos.

  2. el wn cuaatico Says:

    puta que buena historia wn… de paso alguna mina solteroa y con baby q mescriba pa salir a beber un tom collins.

  3. eskupitazo Says:

    wena historia.. relata muy bien parte de la historia de muchos..

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