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	<title>La Gran Arcada</title>
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	<description>Otro blog más de WordPress</description>
	<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 14:00:17 +0000</pubDate>
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		<title>La vecina Mercedes (extracto de &#8220;Los Griegos&#8221;)</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 13:50:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Extrañas coincidencias cambiaron diametralmente la vida de la vecina Mercedes y de paso la de varias familias del barrio, incluynedo a los Espinoza. Un buen día Panchito, el único hijo de la vecina Mercedes, renunció a la esquina donde vegetaba junto a los demás holgazanes de su edad. Esa mañana volvió a sacarle dinero de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/pastor.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1848" title="pastor" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/pastor.jpg" alt="pastor" width="287" height="213" /></a>Extrañas coincidencias cambiaron diametralmente la vida de la vecina Mercedes y de paso la de varias familias del barrio, incluynedo a los Espinoza. Un buen día Panchito, el único hijo de la vecina Mercedes, renunció a la esquina donde vegetaba junto a los demás holgazanes de su edad. Esa mañana volvió a sacarle dinero de la chauchera a su madre, pero en vez de gastarlo en pilsener y pasta base como de costumbre, se fue a una peluquería a cortarse sus espantosos <em>dread locks</em> y a afeitarse. Buscó en el armario uno de los trajes que había dejado su padre y salió a buscar un trabajo. Un mes después el INP notificaba a la vecina Mercedes de la trágica muerte de su marido en una faena minera en el norte, y de la pensión que por ser legalmente su cónyuge le correspondía. Todo habría quedado sólo como una justa compensación del Destino, que hasta ese día parecía haberse ensañado especialmente con esa pobre mujer, de no haberle abierto la puerta una semana antes a un par de viejitas pentecostales que fumigaban el barrio con la palabra del Señor. Mercedes identificó a ese par de ángeles como las responsables del milagro que estaba obrando en su vida. A partir de ese día se consagró a la propagación del Evangelio. Comenzó a recorrer desesperada las calles narrando a los vecinos su experiencia y repartiendo trípticos que pregonaban la bondad del Señor y de paso la inminencia del Juicio Final y las nefastas consecuencias del pecado. Para los más aprensivos tenía como prueba de fe a su hijo, irreconocible tras su sorpresiva transformación&#8230;</p>
<p><span id="more-1849"></span>Laura no hacía más que hablar del curioso caso de la señora Mercedes. ¿Lo recuerdas Tobías?, el Francisco, aquel vago impresentable que iba en el curso de Carlitos. Deberías verlo,-decía esperanzada- ahora es todo un caballero. Trabaja en un centro de llamados y la misma empresa le está costeando un curso de computación. Con la plata de su sueldo más la pensión, están planeando cambiarse de casa. ¿No es cierto Josesito?- interrogaba al niño, quien asentía sin desviar la mirada de lo que fuera que estuviera mirando. Al hablar, el rostro de Laura recobraba algo de la luz de antes. Tobías no lograba recordar la última vez que la vio tan entusiasmada. Reconoció la esperanza volviendo a irrigar los días de su mujer. Por eso y porque se sentía el gran responsable de que anteriormente la haya abandonado, aceptó acompañarla el domingo siguiente a la Iglesia.</p>
<p>-Tobías, ya son las nueve- lo despertó Laura dándole golpecitos en la frente. Tobías deshizo las legañas de sus ojos y la distinguió sonriente a los pies de la cama, sosteniendo el terno gris. Ella vestía su traje de gala y lucía las pocas joyas que escondía como un tesoro en un rincón recóndito del armario. Tomaron desayuno y salieron a tomar la micro. Un joven trasnochado le ofreció el asiento a Laura, pero ella se negó amablemente para no arrugar su vestido. Se bajaron de la micro frente al templo y entraron nerviosos tomados del brazo, cual pareja de novios. La enorme edificación estaba atiborrada de ruidosos fieles. Al fondo, sobre el tablado, se podía leer <strong>BENDECIDOS PARA BENDECIR</strong>, en  letras gigantes y doradas que reverberaban bajo los tragaluces. A ambos lados del púlpito las banderas de Chile e Israel. A medida que se adentraban, la gente les daba la bienvenida con sonrisas y abrazos, como si de amigos de toda la vida se tratase. Apenas los divisó, la vecina Mercedes corrió a recibirlos y los empujó a conocer al pastor. Absalom Pereira, se presentó el hombre, con un grácil tono caribeño. No medía más de un metro sesenta y vestía como un playboy, de impecable traje blanco, y por su camisa floreada se dejaba entrever una gruesa cadena que resplandecía entre su vello pectoral. El cabello cano y correctamente peinado envolvía una asombrosa cara de sinvergüenza. Tobías inmediatamente reparó en las manos del pastor. Se veían tan suaves e impecables, cargando tanto oro en esos anillos grotescos. Al saludarse, la mano ríspida y agrietada de Tobías parecía una blasfemia. Ni el pequeño bastardo que tenía por nieto tenía las manos tan delicadas. Por un momento pensó  que debía arrodillarse ante él y besarle uno por uno los anillos. Finalmente, después de saludar a la familia del pastor y a un mar de desconocidos, la vecina Mercedes los ubicó en una banca frente a ella y comenzó el culto.</p>
<p>En el internado de Lebu el sacerdote oficiaba la misa en latín. Con los brazos en alto enfrentaba al crucificado, de espaldas a los niños. Los diáconos permanecían atentos a que ningún niño fuera a dormirse y dejase de cantar o persignarse en el momento correcto. Ya en Santiago, las pocas veces que Tobías volvió a asomarse por una iglesia, la liturgia había evolucionado a un dinámico sermón casi coloquial, comandado por un cura comprensivo y amigo. Tobías nunca antes había participado en una iglesia que no fuera católica, y durante los primeros minutos del culto no detectó diferencia alguna, salvo, quizás, la atmósfera exageradamente festiva que imperaba en el lugar.</p>
<p>Sentado en esa banca, la memoria insistía en volver a las frías y húmedas mañanas de domingo allá en el sur, cuando los niños brotaban de las humeantes ranchas de madera y fonola, y corrían esquivando las pozas que se formaban en el ripio del camino, hasta la única casa en la que había un televisor. Don Froilán los esperaba con una serie de banquitas de madera dispuestas frente al despaturrado artefacto. Por una moneda podían ver <strong>Tarzán, Los tres chiflados</strong>, en la sucia pantalla que fluctuaba entre tonalidades de gris y de verde.  Con lo poco que se distinguía bastaba para que los niños celebraran a gritos las astucias del héroe y las burradas de los comediantes. No faltaron las veces en que la batería se descargó o los transistores del televisor humearon, entonces don Froilán repartía golosinas a los niños para que no reclamaran el dinero de vuelta. Tobías suspiró complacido, nostálgico de la ingenuidad de aquellos años. La vecina Mercedes al sorprenderlo sonrió satisfecha. Para ella, aquel suspiro era una señal inequívoca de que el poder divino ya estaba interviniendo en su espíritu.</p>
<p>Entonaron salmos. Jovencitas recorrieron los pasillos recaudando la ofrenda con artilugios similares a raquetas de pesca. A Tobías le perturbaron los gritos y  la extraña tendencia al llanto tanto de hombres como de mujeres. La banda dejó a un lado sus instrumentos y el maestro de ceremonias invitó al pastor Pereira a subir al escenario. Absalom dejó su chaqueta en su sillón y con una seguridad pasmosa subió corriendo en medio de una ovación. Pereira comenzó a declamar con vehemencia el sermón. Después de cada cliché alzaba el puño y la muchedumbre gritaba enardecida <strong>¡Amén Señor!, ¡Aleluya!</strong>. En la banca de atrás la vecina Mercedes chillaba como una guacamaya, atomizando litros de saliva sobre la nuca de Tobías. Tobías la miraba de reojo, secándose el cuello con deseos de abofetearla, pero ella seguía saltando y berreando sin darse por aludida. Luego de otra tanda de salmos, el pastor Pereira invitó adelante a quienes estuvieran aquejados por algún mal o enfermedad. -Tobías, aprovecha- le dijo Laura, sorbiéndose los mocos, en alusión a tu lumbago crónico. -No seas ridícula. Oye ¿Estás llorando?- le preguntó Tobías extrañado, pero ella no se molestó en contestar, ya se dirigía con paso seguro hacia las manos afeminadas y milagrosas del pastor.</p>
<p><a href="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/puente_jula.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1850" title="puente_jula" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/puente_jula-300x205.jpg" alt="puente_jula" width="321" height="219" /></a>Un batallón de enfermos y tullidos se formó sobre el escenario. Algunos iban con alguien que empujaba sus sillas de ruedas y sostenía sus botellas de oxígeno. El pastor Pereira se arremangó la camisa y con expresión de dolor elevó una ardorosa plegaria por los pobres desgraciados que tenía enfrente. El resto de fieles lo siguió como un orfeón de orates. La vecina Mercedes había pasado de los gritos a transmitir sinsentidos en una lengua ficticia. <em>Krama,Krama Kramachizass</em>, parloteaba la vieja con los brazos hacia el cielo. Todo en aquel galpón eran lamentos y gritos. Más que un templo de alabanza parecía el lobby de un rascacielos después de un atentado. El pastor Pereira paseaba frente a los enfermos, aleatoriamente elegía a uno y depositaba las manos en su cabeza. Los pobres caían de espaldas, fulminados por lo que debía ser el espíritu santo, Algunos minusválidos intentaron sin éxito levantarse de sus sillas de ruedas. El niño del oxígeno se quito por sus propios medios la mascarilla, pero un brutal acceso de tos obligó a su madre a conectarlo nuevamente. Desde esa ubicación, por más que se estirara y se pusiera de puntillas, Tobías no lograba divisar a Laura en el escenario,. De pronto la vibración del suelo y un ruido acusó una caída y Tobías se volteó a mirar. La vecina Mercedes tiritaba tendida en el piso. Tobías cruzó la banca para ayudarla a ponerse en pie. Apenas sintió el contacto de la mano de Tobías, la vieja abrió exageradamente sus ojos lúgubres y se aferró fuertemente a sus brazos, clavándole las uñas y acercándose a su rostro entonando ese mantra diabólico. La vieja estaba poseída por una fuerza sobrenatural que, a pesar de su edad y de sus miembros descalcificados, le permitía sobreponerse a la resistencia de Tobías hasta dejar su rostro a sólo centímetros del suyo. Abrió una boca enorme lanzando espumarajos, y cuando se aprestaba a clavarle su dentadura repugnante Tobías le descargo un fuerte palmetazo en la cabeza.-¡Sosiégate vieja de mierda! le gritó asustado. Por el caos reinante nadie se percató del grito ni del golpe. La vecina Mercedes volvió de su trance, se sentó, sacudió un par de veces la cabeza y se quedó mirando a Tobías algo confundida. Al reconocerlo le sonrió dulcemente. Antes de que mencionara palabra Tobías trotaba camino a la salida del templo, esquivando a los fieles que se deshacían en espasmos en el suelo y a los que deambulaban de un lado a otro, hablando en lenguas y tambaleándose como sonámbulos&#8230;</p>
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		<title>Los saqueadores y sacos de weas del terremoto</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Mar 2010 03:12:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Cuatro días digiriendo catástrofe terminan afectando hasta al más duro. En medio de la incuestionable consternación, la necesidad, las réplicas y la indecencia, hemos sido testigos de una serie de sucesos que hasta hace unos días nos parecían ajenos, de país tercermundista asumido, casi de ficción&#8230;
Todavía no nos recuperábamos del sacudón y ya el tema [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/int544647be_44792.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1832" title="int544647be_44792" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/int544647be_44792-300x192.jpg" alt="int544647be_44792" width="300" height="192" /></a>Cuatro días digiriendo catástrofe terminan afectando hasta al más duro. En medio de la incuestionable consternación, la necesidad, las réplicas y la indecencia, hemos sido testigos de una serie de sucesos que hasta hace unos días nos parecían ajenos, de país tercermundista asumido, casi de ficción&#8230;<span id="more-1829"></span></p>
<p>Todavía no nos recuperábamos del sacudón y ya el tema de los saqueos se había tomado la agenda, pasando a ser tan o más relevante que el propio cataclismo. Esta tesis fue recogida desde el principio por buena parte de los medios, en especial la televisión, que dejó en un segundo plano las faenas de rescate y damnificados para centrarse en el terrible drama de Cencosud y D&amp;S, cuyos supermercados estaban siendo asaltados por turbas de mal nacidos y repugnantes pobres, a primera vista movidos por la desesperación y el hambre. Luego, y era que no, las cámaras detectaron a los conchas de su madre de siempre que, además de la botella de agua y los pañales, se pelaban un plasma y hasta una lavadora. Entonces los reporteros chillaron de felicidad (tan conectados están con la realidad que creyeron que los flaites eran sólo una peste capitalina), y desplegaron el alarmismo y los juicios de valor tan acostumbrados y abundantes en sus canales policiales (sobretodo en el de Piñera y el del fantasma nauseabundo de Ricardo Claro). Ahí podías ver a un Amaro presto a denunciar a todo quien no saliera de un saqueo con un bien considerado de primera necesidad, como si de un detector de frescuras de raja se tratase. En pleno frente de batalla, protegía su peinado impecable de las hordas de caníbales, mientras una señora con su guagua en coche se cruzaba tranquilamente frente a la cámara. Definitivamente la catástrofe no podía ser catástrofe si no involucraba además el atentado contra la propiedad privada de nuestros dueños y futuros gobernantes.</p>
<p><a href="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/fotonoticia_20100301075852.jpg"><img class="size-full wp-image-1834 alignleft" title="fotonoticia_20100301075852" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/fotonoticia_20100301075852.jpg" alt="fotonoticia_20100301075852" width="250" height="172" /></a>En el Maule y Bío Bío la cosa está realmente brígida, como nunca antes, al menos desde que volvió la democracia. A la pena de perder familiares, amigos y el hogar se suma el hambre, el abandono y la tardanza de la autoridad. La agitación social fruto de la desesperación se hizo incontenible, al punto de volverse necesario (a pesar del dolor de guata que nos causa) el toque de queda y que los milicos salieran a las calles. Ya no era cosa de flaites choreandose televisores o guatones de mierda llenando sus autos con chelas. Había hambre y caos de a de veritas.</p>
<p>A muchos kilómetros de ahí, en Santiago, el violento sacudón de la Tierra parece haber soltado todavía más las neuronas de muchos compatriotas, que se abarrotaron en almacenes y bencineras esperando el Apocalipsis. Como si toda esa histeria no fuera suficiente, empezó a circular el rumor de que <a href="http://www.cooperativa.cl/carabineros-recalco-que-saqueos-en-santiago-son-rumores-sin-fundamento/prontus_nots/2010-03-03/094831.html" target="_blank"><strong>estaban saqueando tiendas en el centro de la capital</strong></a>, algo que era a todas luces falso. Un saco de weas que seguro soltó la mentira por Twitter (<a href="http://www.cooperativa.cl/falso-rumor-sobre-muerte-de-patricio-aylwin-puso-a-prueba-las-redes-sociales--de-internet/prontus_nots/2010-02-06/201700.html" target="_blank"><strong>como acostumbran ahora los sacos de wéas 3.0</strong></a>) logró sembrar el pánico, acaparando la atención de varios periodistas mediocres y muchos santiaguinos. A las 6 y media de la tarde por Calle Puente y el Paseo Ahumada caminaba la gente de lo más tranquila, pero no había ni un puto local (minimarket-kiosko-sucursal-fuente de soda-farmacia-café con piernas) abierto. No sería extraño entonces que esta escalada ridícula terminase con Santiago bajo el toque de queda.</p>
<p>Lo que se viene es fácil de colegir: finalmente, y como en toda desgracia que nos involucre como chilenos, serán los ciudadanos pedestres quienes saldrán en socorro de los afectados (otros ciudadanos igual de pedestres). Léase don Franciscos, Teletones, campañas de donaciones, voluntariado y hasta los bomberos y rescatistas, los eternos ripios de la autoridad y del poder económico (amiguitos con amplio cover) quedarán cubiertos por la solidaridad y demás gestos de humanidad.</p>
<p>Los que se deben estar frotando las manos son los de siempre, esos que históricamente han anhelado el estado de sitio y la represión permanente con el único propósito de  seguir saqueando el país a destajo, a partir del once de Marzo desde La Moneda.</p>
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		<title>Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 04:48:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[fotos]]></category>

		<category><![CDATA[César Vallejo]]></category>

		<category><![CDATA[Poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[LOS HERALDOS NEGROS (CÉSAR VALLEJO)

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!



Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-large wp-image-1811" title="terremoto" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-1024x680.jpg" alt="terremoto" width="462" height="302" /><center><strong>LOS HERALDOS NEGROS (CÉSAR VALLEJO)</strong></center><br />
</br></p>
<p style="text-align: center;">Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!</p>
<p style="text-align: center;">Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,</p>
<p style="text-align: center;">la resaca de todo lo sufrido</p>
<p style="text-align: center;">se empozara en el alma… Yo no sé!<span id="more-1808"></span></p>
<p style="text-align: center;">
<p></br><br />
</br></p>
<p style="text-align: center;">Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras</p>
<p style="text-align: center;">en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.</p>
<p style="text-align: center;">Serán talvez los potros de bárbaros atilas;</p>
<p style="text-align: center;">o los heraldos negros que nos manda la Muerte.</p>
<p style="text-align: center;">
<p></br><br />
</br></p>
<p style="text-align: center;">Son las caídas hondas de los Cristos del alma,</p>
<p style="text-align: center;">de alguna fe adorable que el Destino blasfema.</p>
<p style="text-align: center;">Esos golpes sangrientos son las crepitaciones</p>
<p style="text-align: center;">de algún pan que en la puerta del horno se nos quema</p>
<p style="text-align: center;">
<p></br><br />
</br></p>
<p style="text-align: center;">Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como</p>
<p style="text-align: center;">cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;</p>
<p style="text-align: center;">vuelve los ojos locos, y todo lo vivido</p>
<p style="text-align: center;">se empoza, como charco de culpa, en la mirada.</p>
<p style="text-align: center;">
<p></br><br />
</br></p>
<p style="text-align: center;">Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Dj Asco 90&#8217;s Laboratories: The Real Karaoke de la Muerte</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 16:50:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Musica]]></category>

		<category><![CDATA[Videos]]></category>

		<category><![CDATA[DJ Asco]]></category>

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		<category><![CDATA[Karaoke de la Muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[
&#8220;Décadas de incesante investigación me han hecho lograr lo imposible: desencriptar esta canción símbolo de la belle epoque.  Hasta hoy todos creían que es trataba de los desvaríos en arameo de un imbécil poseído por el Espíritu Santo, pero yo he llegado a desvanecer las tinieblas para que asome finalmente la verdad,  you know&#8221; 
 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="425" height="344" data="http://www.youtube.com/v/KqLbw2IIEpg&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0xe1600f&amp;color2=0xfebd01" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/KqLbw2IIEpg&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0xe1600f&amp;color2=0xfebd01" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p><em>&#8220;Décadas de incesante investigación me han hecho lograr lo imposible: desencriptar esta canción símbolo de la </em><em>belle epoque.  Hasta hoy todos creían que es trataba de los desvaríos en arameo de un imbécil poseído por el Espíritu Santo, pero yo he llegado a desvanecer las tinieblas para que asome finalmente la verdad,  you know&#8221; </em></p>
<p><strong> Dj Asco</strong></p>
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		<title>Se la mansa bromita que te hicieron tus amigos el verano pasado (fototragedia)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 17:45:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Locademia de Imbéciles]]></category>

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]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-1795" title="01" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/01-225x300.jpg" alt="01" width="225" height="300" /></p>
<p><center><span id="more-1791"></span></center></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-1796" title="02" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/02-225x300.jpg" alt="02" width="225" height="300" /></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-1797" title="03" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/03-225x300.jpg" alt="03" width="225" height="300" /></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-1798" title="04" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/04-300x225.jpg" alt="04" width="300" height="225" /></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-1800" title="052" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/052-300x225.jpg" alt="052" width="300" height="225" /></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-1801" title="062" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/062-300x225.jpg" alt="062" width="300" height="225" /></p>
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		<title>&#8220;María Galleguillos&#8221; VALPORNO. Una gorda indecente como las de antes</title>
		<link>http://www.lagranarcada.com/literatura/1787</link>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 19:17:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Alice Antoin]]></category>

		<category><![CDATA[Mujeres]]></category>

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		<description><![CDATA[por Alice Antoin 
En el año 92 tenía dos obsesiones: La primera era la comida y la segunda mi marido. Pasé más de un año en cama, ya no podía levantarme debido a la cantidad de kilos y de grasa que anidaba mi cuerpo. Algunos hongos se habían hecho casa en mis gruesos pliegues, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1786" title="maria" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/maria-220x300.jpg" alt="maria" width="220" height="300" />por <a href="http://erotica-del-puerto.blogspot.com">Alice Antoin </a></p>
<p>En el año 92 tenía dos obsesiones: La primera era la comida y la segunda mi marido. Pasé más de un año en cama, ya no podía levantarme debido a la cantidad de kilos y de grasa que anidaba mi cuerpo. Algunos hongos se habían hecho casa en mis gruesos pliegues, y un olor avinagrado era mi perfume diario.</p>
<p><span id="more-1787"></span></p>
<p>A mi marido lo celé día y noche, sentía miedo de mis amigas, a las que fui dejando una a una por este motivo, de mis sobrinas, no importaba que tuvieran diez u once años, para mi todas eran potenciales rivales. Nunca permití que se atrasara siquiera diez minutos. A las seis en punto me levantaba con dificultad, afirmándome del velador de bronce. A las seis y cuarto ya estaba frente al espejo, pintándome los labios, parte de la cara y los dientes, pues además de mi gordura tenía un pésimo pulso.</p>
<p>A las seis y media llegaba él con su pesado maletín de vendedor de seguros. Yo lo primero que hacía era recriminarle su tardanza. Él me miraba triste, agobiado, y partía directamente a recostarse sobre el colchón.</p>
<p>La cama era tan pequeña para nosotros dos. Yo caía en un sueño profundo, como el de un pesado animal, y mi ronca respiración le alteraba su propio dormir causándole interminables insomnios. Algunas veces intenté besarlo. Me acurruqué a su lado para que sintiera que yo aún tras mi gran disfraz de piel seguía siendo su mujer. En otras ocasiones froté mis senos sobre su pecho como lo hacía antes, pero no reparé en que ya estaban irreconocibles a causa de mi obesidad.</p>
<p>Sufrí mucho, callada.</p>
<p>Hasta las lágrimas desaparecían entre las bolsas que tenía bajo los ojos. Tal vez por eso nunca supo que estaba triste, ya que jamás me vio llorar.</p>
<p>Una tarde, antes de que comenzara la rutina de las seis, me levanté con un grave presentimiento. Me acerqué a la ventana. Él conversaba con una mujer. Quise salir y gritarle para causarle vergüenza, pero temí que la voz se me hiciera eco dentro de mis pesados músculos, como en las peores pesadillas  que suele tener la gente. Cuando se decidió entrar a la casa lo esperé en la mampara. Armada de un balde con cloro lo bañé de pies a cabeza, con soda cáustica le rocié el pantalón y con tijeras le corté la ropa. Él me miró con odio, luego con lástima.</p>
<p>Esa fue la última vez que lo vi.</p>
<p>Supe que se fue a vivir al extranjero. A mí me internaron en un hospital que queda por Recoleta, cerca del cementerio. Los domingos son mis días de asueto. Camino la mañana completa hasta llegar a una pequeña plaza. En la casa de enfrente vive una pequeña niña rubia de trenzas largas. Me gustaría que fuera mi hija. No sé si es porque soy gorda o  mi cabeza no anda bien, pero lo cierto es que cada vez que me ve corre a esconderse tras las piernas de su madre.</p>
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		<title>Josesito (extracto de &#8220;Los Griegos&#8221;)</title>
		<link>http://www.lagranarcada.com/literatura/1781</link>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 17:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Alcohol]]></category>

		<category><![CDATA[Locademia de Imbéciles]]></category>

		<category><![CDATA[Los Griegos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8230;Hace unos años, no muchos, fuiste un bebedor de colección. Un saltimbanqui ridículo e insufrible al que todos encontraban divertido, pícaro. No conocí a nadie que no riera con tus bromas ni que se negara a los tragos que invitabas a quien se te cruzara por delante, lo conocieras o no. Eras un borracho tal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1782" title="viejo-culiao" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/02/viejo-culiao-300x225.jpg" alt="viejo-culiao" width="300" height="225" />&#8230;Hace unos años, no muchos, fuiste un bebedor de colección. Un saltimbanqui ridículo e insufrible al que todos encontraban divertido, pícaro. No conocí a nadie que no riera con tus bromas ni que se negara a los tragos que invitabas a quien se te cruzara por delante, lo conocieras o no. Eras un borracho tal cual los caricaturizan los humoristas mediocres. Eras el clásico borracho feliz, al que de una u otra manera el destino surtía de dinero suficiente para embriagarse todos los días hasta la inconciencia&#8230;</p>
<p><span id="more-1781"></span></p>
<p>A temprana edad consagraste tu vida a la fiesta sin medir consecuencias, y despreciaste con toda el alma a quienes enfrentaban la vida de un modo distinto. Solías perderte durante semanas completas en cantinas y burdeles para luego volver a casa  con la mejor de las sonrisas, y peor aún, te indignabas si no te recibíamos de igual manera.</p>
<p>Estas desapariciones, estas <em>abducciones</em>, como solías llamarlas riéndote solo y sin tener el menor sentido de lo que implica ser abducido, a nuestra madre parecían no preocuparle; con o sin ti continuaba descomponiéndose con la misma velocidad y resignación en las rutinas domésticas. Cada vez que volvíamos del colegio, antes de saludarla con un beso le preguntábamos si habías llegado. Ella negaba de espaldas, sin desviar la mirada de los vegetales que lavaba y de la olla donde bullía la sopa. Mientras servía los platos nos decía que no valía la pena inquietarse, que si te había ocurrido algo realmente malo nos enteraríamos por los noticieros. <strong><em>Si no,</em> <em>es que anda emborrachándose con alguna aparecida</em></strong>, remataba en ese tono tan propio de las telenovelas que veía sagradamente cada tarde. Almorzábamos en silencio, con el audio de la tele de fondo. Nosotros, sobre todo Josesito, (yo ya iba en séptimo básico), permanecíamos atentos a cuanto decían en las noticias, rezando para que no te mencionaran a ti ni a alguien con tus características. La mamá cuchareaba de su plato, totalmente ausente, atenta a una tele que transmitía una dicha muy distante de esa cocina. A veces incluso sonreía o gesticulaba de la nada. Su atención volvía a la mesa sólo para regañarnos si no habíamos terminado de comer o para mandarnos a hacer las tareas.</p>
<p>Las ganas de volver a casa siempre te venían tarde de noche. Te sentíamos trastabillar frente a la puerta de calle, sacabas ese enorme llavero que parecía contener las llaves de todas las puertas del mundo, y que en tus manos entumidas por el alcohol tintineaba como un pandero evangélico. Luego de unos cuantos intentos lograbas dar con la llave correcta y abrías la puerta y te sumergías en la oscuridad del living, sosteniéndote en las paredes y esquivando de memoria los escasos muebles que jamás alguien cambió de posición. Alcanzabas el interruptor de la luz de la pieza de mamá y ahí parado bajo el marco le largabas tus explicaciones. Ella jamás te recriminó de vuelta. Uno, porque te conoció alcohólico. Dos, se acostaba tan cansada que tus llantos y  balbuceos no lograban despertarla del todo. Luego de discutir un rato contigo mismo te venías a nuestra habitación. Cuando la sombra de tus pasos bloqueaba la luz que se filtraba por debajo de la puerta, yo y Josesito nos cubríamos con las frazadas hasta la nariz y nos hacíamos los dormidos. Apenas entrabas sentíamos ese olor a podredumbre que emanaba tu pesada respiración. Te sentabas en la cama junto a Josesito y le hablabas al oído: <strong><em>hijito, soy tu papá, cómo te has portado</em></strong>, le decías, intoxicándolo con tu hálito abyecto. El pobre niño aguantaba la respiración hasta que ya no podía más, entonces comenzaba a moverse y a quejarse, simulando tener una pesadilla. Tu lo arrullabas y lo volvías a tapar. Le dabas un beso de buenas noches en la frente, te ponías de pie y te  quedabas mirándome. Desde el catre superior del camarote yo te vigilaba fijamente como un búho. Sosteníamos las miradas hasta que levantabas las cejas y volvías donde mamá, dejando tu esencia indecente flotando en la habitación. Impregnada en las paredes. Después me era imposible seguir durmiendo. Desvelado por tu olor y por los traqueteos del catre contra la pared mientras técnicamente violabas a nuestra madre, y finalmente tus posteriores ronquidos. Yo bajaba a tranquilizar a Josesito. Lo abrazaba hasta que se volvía a dormir. Mientras trataba de entender donde diablos te habías metido todo ese tiempo.  Qué costaba tener un mínimo gesto de deferencia hacia nuestra madre. Todas las maldiciones que se pueden leer bajo las tablas de aquel camarote  las escribí para ti durante esas noches de insomnio. Las horas fluían lentas hasta que aclaraba, los pájaros comenzaban a trinar y las micros a rugir en la calle. Nuestra madre se levantaba a preparar el desayuno y a vestirnos para ir al colegio. Procurábamos no meter mucho ruido porque tu seguías durmiendo. Feliz.</p>
<p>Hace unos días  fuimos con Claudia, mi mujer, al bautizo de la hija de Josesito. Después de la fiesta nos quedamos conversando alrededor del fuego hasta que nuestras mujeres se fueron a dormir. Entonces recordamos  esas noches con mi hermano. Fue un diálogo incómodo y tan desgastador que probablemente dejemos de vernos por un tiempo, pero es un apartado en nuestras vidas que para superarlo debemos enfrentarlo. Exorcizarlo. Lejos lo más doloroso fue recordar la mirada de nuestra madre durante esas mañanas. Nos abrochaba los zapatos y nos servía la leche con unos ojos que no distinguían lo corpóreo ni el tiempo. Tratamos de descifrarla, de definirla, pero no encontramos un concepto que alcanzara la dimensión de esos ojos tan mal amados. Lo más cercano que encontramos fue el vacío.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>La Gran Arcada Dancing Force VII: El baile de los ahorcados</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 18:17:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[Videos]]></category>

		<category><![CDATA[estupidez humana]]></category>

		<category><![CDATA[Baile]]></category>

		<category><![CDATA[Musica]]></category>

		<category><![CDATA[Poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[


¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablado es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!...
 
Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.
 
¡Rudos talones; nunca su sandalia se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="480" height="385" data="http://www.youtube.com/v/I_ZnMhOlThg&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0x006699&amp;color2=0x54abd6" type="application/x-shockwave-flash"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/I_ZnMhOlThg&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0x006699&amp;color2=0x54abd6" /><param name="allowfullscreen" value="true" /></object></p>
<p><!--[endif]--></p>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">
¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">trenzad vuestras cabriolas pues el tablado es amplio,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!...</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> <span id="more-1771"></span>
Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">como un órgano negro, los pechos horadados,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">que antaño damiselas gentiles abrazaban,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">se rozan y entrechocan, en espantoso amor.</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> </span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡Rudos talones; nunca su sandalia se gasta!</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Todos se han despojado de su sayo de piel:</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">En sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> </span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">parecen, cuando giran en sombrías refriegas,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">rígidos paladines, con bardas de cartón.</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> </span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">y responden los lobos desde bosques morados:</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno...</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> </span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">que desgranan, ladinos, con largos dedos rotos,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">un rosario de amor por sus pálidas vértebras:</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio! .</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> </span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Y de pronto, en el centro de esta danza macabra</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> </span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">con gritos que recuerdan atroces carcajadas,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.</span></pre>
<pre style="text-align: center;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> <strong>
                                                                                                                                                   Arturihui Rimbaud</strong></span></pre>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center;">
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		</item>
		<item>
		<title>Algunas contrapreguntas a Phillip K. Dick</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jan 2010 16:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

		<category><![CDATA[estupidez humana]]></category>

		<category><![CDATA[Phillip K. Dick]]></category>

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		<description><![CDATA[
Estimado don Phillip K.:
Sueñan los taxistas con alzavidrios eléctricos?
¿Sueñan las solteronas con vibradores eléctricos?
¿Sueña Deportivo Renca  con un moderno tablero eléctrico?
¿Sueña Longueira con un Jaime Guzmán eléctrico que por las noches abusa de él con un enorme consolador también eléctrico?&#8230;
¿Sueñan los campesinos con bombas de agua eléctricas?
¿Sueñan los literatos checos con Kafka paseando a bordo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://nochedecine.files.wordpress.com/2009/06/04062008100658.jpg" alt="" width="209" height="342" /></p>
<p style="text-align: center;">Estimado don Phillip K.:</p>
<p style="text-align: center;">Sueñan los taxistas con alzavidrios eléctricos?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueñan las solteronas con vibradores eléctricos?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueña Deportivo Renca  con un moderno tablero eléctrico?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueña Longueira con un Jaime Guzmán eléctrico que por las noches abusa de él con un enorme consolador también eléctrico?&#8230;</p>
<p style="text-align: center;"><span id="more-1766"></span>¿Sueñan los campesinos con bombas de agua eléctricas?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueñan los literatos checos con Kafka paseando a bordo de un tranvía eléctrico?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueñan los esquizofrénicos con shocks eléctricos?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueñan los cuarentones inmaduros con trencitos eléctricos?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueñan los flaites con hacer buenas lucas vendiendo los cables del tendido eléctrico?</p>
<p style="text-align: center;">¿Soñaron las dueñas de casa con chanchos eléctricos?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueña chapita Fuenzalida con Bielsa nominándolo a él para ir a Sudáfrica en lugar de  Cereceda &#8220;el eléctrico&#8221;?</p>
<p style="text-align: center;">¿Sueñan los chilenos bien nacidos con Piñera fulminado por una anguila eléctrica?</p>
<p style="text-align: center;">
<p><!--[if gte mso 9]><xml> <w:WordDocument> <w:View>Normal</w:View> <w:Zoom>0</w:Zoom> <w:HyphenationZone>21</w:HyphenationZone> <w:Compatibility> <w:BreakWrappedTables /> <w:SnapToGridInCell /> <w:WrapTextWithPunct /> <w:UseAsianBreakRules /> </w:Compatibility> <w:BrowserLevel>MicrosoftInternetExplorer4</w:BrowserLevel> </w:WordDocument> </xml><![endif]--> <!--[if gte mso 10]> <mce:style><!    /* Style Definitions */    table.MsoNormalTable   	{mso-style-name:"Tabla normal";   	mso-tstyle-rowband-size:0;   	mso-tstyle-colband-size:0;   	mso-style-noshow:yes;   	mso-style-parent:"";   	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;   	mso-para-margin:0cm;   	mso-para-margin-bottom:.0001pt;   	mso-pagination:widow-orphan;   	font-size:10.0pt;   	font-family:"Times New Roman";}  --> <!--[endif]--></p>
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		<title>La historia de Enrico Trozzo, el hombre de los 36 centímetros (Segunda Parte)</title>
		<link>http://www.lagranarcada.com/estupidez-humana/1748</link>
		<comments>http://www.lagranarcada.com/estupidez-humana/1748#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 19:23:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>La Gran Arcada</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Locademia de Imbéciles]]></category>

		<category><![CDATA[Ucronia]]></category>

		<category><![CDATA[estupidez humana]]></category>

		<category><![CDATA[Enrico Trozzo]]></category>

		<category><![CDATA[fútbol]]></category>

		<category><![CDATA[Sexo]]></category>

		<category><![CDATA[Virginia Humores]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestro héroe cruzó el mundo en barco, intentando llegar a la próspera Europa de Occidente, pero por una mala cueva del destino terminó en Calle Larga (Los Andes, Chile) abandonado en una tierra desconocida. Sin embargo, cuando parecía que las cosas no podían ir peor, algo sucede que lo hace surgir como el Ave Fénix. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-1749" title="2236" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/01/2236-300x229.jpg" alt="2236" width="300" height="229" />Nuestro héroe cruzó el mundo en barco, intentando llegar a la próspera Europa de Occidente, pero por una mala cueva del destino terminó en Calle Larga (Los Andes, Chile) abandonado en una tierra desconocida. Sin embargo, cuando parecía que las cosas no podían ir peor, algo sucede que lo hace surgir como el Ave Fénix. He aquí el relato de los primeros días de Mykhailo en nuestra patria, antes de convertirse en una leyenda, en el verdadero el trípode humano, de quien se dice que incluso podía dormir parado.<span id="more-1748"></span></p>
<p><a href="http://www.lagranarcada.com/estupidez-humana/1642"><strong>*Si no leíste la primera parte del relato, léela al toque haciendo clic aquí.</strong></a><br />
<strong><br />
ENRICO EN CHILE, EL PAÍS DE LAS OPORTUNIDADES</strong><br />
Horas eternas echado en el banco de una plaza olvidada, espantando el calor de las tardes y el frío nocturno; robándoles la comida a los perros y cazando lagartijas para no morir de hambre. Así transcurrieron los primeros días de Mykhailo en nuestra copia feliz del edén. Sin poder explicarse dónde mierda estaba, de qué manera había llegado aquí y cómo cresta podía existir un lugar aún más decadente que Chernobyl.</p>
<p>Cuando no quedaba otra salida que el suicidio, ocurrió un milagro. Un moderno automóvil estacionó en la plaza y de él descendió un gordinflón de unos cincuenta años, enfundado en una impecable tenida deportiva, con un prominente bigote decolorado por el tabaco y con un choco panda perfectamente esculpido. Caminó directamente hacia Mikhaylo, con una bolsa de Mc Donald y una pelota de fútbol bajo el brazo.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-1757" title="mendigo-1912" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/01/mendigo-1912.jpg" alt="mendigo-1912" width="269" height="195" />¡Qué pasa pibe!, lo saludó amablemente y le tendió la bolsa. Mientras nuestro importunado muchacho devoraba su Big Mac, el misterioso sujeto comenzó a hablar en un inglés espantoso. Se llamaba Facundo Schiantta, entrenador argentino del equipo local de fútbol –Cobreandino en aquel entonces- y especialista en descubrir y potenciar talentos futbolísticos. “Ché, me bastó con <em>see you</em> deambulando por ahí <em>to know</em> de inmediato que estaba <em>in front of </em>a un fenómeno”. Schiantta veía en Mykhailo el hombre de área que le daría la estampa europea que buscaba para su club, sobrepoblado de negritos quiscudos que a duras penas sobrepasaban el metro sesenta de estatura.</p>
<p>“Ché, <em>its impossible</em> que vos seas malo <em>for the</em> pelota, si sos igualito a Prosinecki”, dijo Schiantta,  dejando caer el balón a los pies de Mykhailo. Caminó doce pasos y se ubicó en medio de dos arbustos con actitud de arquero. “Vamos, <em>kick me a penalty</em> boludo”, le gritó. Sin haber entendido ni media palabra, pero intuyendo lo que le pedían, nuestro trípode ucraniano acomodó su presa entre los muslos y pateó violentamente el balón. SAN-BOM-BAZO y ¡¡¡GOOOOOL!!! … El arquero ni siquiera tuvo tiempo de ver la pelota, que se perdió varias cuadras más allá. “¡Este hijo de puta <em>is the other planet</em>!”, gritó el entrenador.</p>
<p>-Ché pibe, vení y decime, <em>what is you name?</em></p>
<p>-Enrico Trozzo. Respondió conciso.</p>
<p>-Mmmm, qué nombre de toplero tenés, hijo de puta. <em>I like it, ¡¡Enrico the Great!!, the italian goleador!</em>- gritó, levantándole el brazo como a los boxeadores.</p>
<p>Con las manos todavía aceitosas por la comida, Mykhailo estampó su firma sobre el contrato que el DT le puso por delante. Las condiciones eran horrorosas e involucraban, en síntesis, un sueldo ridículo, alojamiento en una residencial miserable y tres platos de comidas diarios.</p>
<p>La semana siguiente Enrico, ex Mykhailo, era presentado como la estrella del equipo para la presente temporada, con carteles en las paredes y una furgoneta que recorría el pueblo anunciando a megáfono batiente al gran Enrico, <strong><em>Il Duce del gol</em></strong> , la nueva estrella traída directamente del viejo continente.</p>
<p>El día de su debut Los Andes era una fiesta.<strong> Cobreandino</strong> jugaba el clásico contra San Felipe y tanto andinos como sanfelipeños repletaron el estadio para ver a la flamante contratación. En las tribunas se rumoreaba que se trataba de un potente goleador del <em>Calcio</em> italiano, que había llegado al fin del mundo en búsqueda de redención. Otros decían que había llegado gracias a los oscuros contactos del alcalde con el crimen organizado.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-1754" title="foto20020070310013748" src="http://www.lagranarcada.com/wp-content/uploads/2010/01/foto20020070310013748.jpg" alt="foto20020070310013748" width="200" height="150" />Nuestro héroe, que jamás había pisado una cancha de fútbol, poco entendía de lo pasaba a su alrededor, pero de todas formas estaba extasiado. Esperó pacientemente en la banca hasta que el entrenador le hizo la seña para entrar al campo de juego. Se quitó el buzo y se paró al borde de la cancha. De pronto todas las miradas se posaron sobre la escandalosa protuberancia que latía bajo su pantalón corto, algo solamente visto en algunas tribus del África subsahariana.</p>
<p>De la tribuna alguien gritó: “Oye rucio ¿te choriaste el extintor?”, despertando una risotada general. Enrico entró a la cancha sin saber cómo mierda pararse ni qué hacer. Luego de 25 minutos sin tocar el balón ni pegarse el más mínimo trote, un compañero de equipo se mandó la jugada de su vida y la coronó con un pase rasante que dejó a Enrico solo frente al arco. El ucraniano vio la oportunidad de llenarse de gloria: miles de imágenes pasaron por su cabeza, desde su más tierna infancia hasta esos días perdidos en la granja, cuando soñaba con una vida mejor y sólo tenía a las vacas para conversar. Ahora, en una país ajeno y cuyo nombre ni siquiera podía pronunciar, tenía la chance de darle un vuelco a su historia. Tras un intento de finta y justo antes de mandar el chimbazo más potente del mundo, el destino se encargó de recordarle que para él no estaban reservadas las cosas fáciles. Cual pitón emergiendo de su guarida, de un costado de su pantalón se escapó altiva la inconmensurable verga para interponerse entre el balón y su pierna hábil. ¡Un desastre! Enrico tropezó y cayó aparatosamente de hocico al suelo, en medio del asombro general.</p>
<p>Schiantta no lo podía creer. Apenas vio semejante espectáculo se retiró enajenado al camarín. Después del partido, que Cobreandino perdió por un gol, la hinchada se quedó merodeando a la salida del estadio con la clara intención de linchar al pobre eslavo. Otro revés en la vida de Enrico, sin embargo, esta nueva bofetada del destino marcaría a fuego el futuro de nuestro héroe, cuando al otro día del fatídico partido un grupo compuesto por las mujeres de los futbolistas e  hinchas se agolpó  frente a la sede del club con lienzos y gritando: &#8220;<strong>¡Enrico, Enrico, muéstranos el pico!</strong>&#8221;</p>
<p><strong>Nuevamente esta historia continuará…</strong></p>
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