Intelectuales y artistas, nuestro querido “mundo de la cultura”

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Qué loco era verlos en ese tiempo en que se vestían con tantos colores y desafiaban al demonio verde por la tele. Unos venían recién llegando, casi bajándose del avión, mientras otros se habían quedado sobreviviendo los años duros. Pero lo peor había pasado y un arcoiris se venía por delante.

Esos artistas volvieron a estar en las teleseries, en las librerías, en Bellavista y los cafés del Forestal, pero nunca más en las poblaciones…



Los años en París, Florencia, Barcelona o Berlín habían calado demasiado hondo en sus vidas como para que las mal pavimentadas calles santiaguinas recobraran el atractivo de antes. La comodidad del ristretto y la pipa en Ámsterdam, de la copa de vino y la poesía de media tarde en Bruselas, eran ahora el presente. Las barricadas y los sueños de igualdad quedaron sólo como un capítulo aciago de sus juventudes aventureras.

Pero en este nuevo Chile las cosas están muy lejos de ser perfectas para tí, para ustedes. Sus libros no los compra nadie y sus sesudas obras teatrales nadie las sabe apreciar, excepto ustedes. Aún así, inspiran admiración y simpatía entre la “gallada”, la gente de la calle. Da lo mismo que sea sólo por el papel cómico en una mediocre serie de TV, esa con la que se forraron en plata.

Te fuiste a vivir a lo alto de la ciudad, a comunidades ecológicas en El Arrayán o Antupirén, porque te diste cuenta que sólo en lugares así tu genio sensible se conectaba con su centro. Te rodeaste de chamanes, inciensos y maestros que saben trabajar muy bien con tus energías.

De pronto apareces inaugurando salas de exposición y hablas de lo difícil que es para ustedes, el “mundo de la cultura”, ser el bastión del alma de un pueblo que está en medio de una devastadora escalada de ignorancia.

Sabes muy bien que en cualquier momento tus amistades del gobierno te pueden ofrecer alguna agregaduría cultural en Europa. Suena atractivo que te paguen por organizarles peñas y talleres de cueca a tus compatriotas en el extrior, pero al final no lo aceptas. Dices que tu deber es seguir aportando a la cultura y las artes en u tierra. Sin embargo, sabes que esa no es la razón. En el fondo, estás cierto de que no te acostumbrarás a una vida de extranjera y anónima. ¡Cómo amas la fama de pueblo chico! Difícil encontrar otro país en que se premie tan bien a poetas a sueldo y tristes bufones de palacio.

Cuando la tarde agoniza te vas a tu casa. Mientras conduces tu 4×4, escuchas “La Población” de Víctor Jara y recuerdas con nostalgia y emoción las luchas de antes. Llegas a tu casa y los vecinos, todos colegas y amigos del “mundo de la cultura”, te avisan que debes firmar esa carta en la que repudian que a la gente de La Toma le hagan casas frente a las de ustedes. Firma rápido porque es urgente: al otro día irá una delegación de artistas -todos intelectuales y de izquierda- a tribunales para interponer un recurso de protección.

El sol te avisa que comienza otra jornada. Te levantas optimista. Un nuevo día de inauguraciones y talleres te esperan. Sientes que la vida te ha conducido por buenos caminos. Al fin eres lo que siempre quisiste ser: un ser humano sensible y pleno.

Por Alexander Litvinenko Calfunao




One Response to “Intelectuales y artistas, nuestro querido “mundo de la cultura””

  1. tarina Says:

    eres parter de la interpretacion de la verdad.
    …conservadores o faltos de creatividad ??

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