¡Queremos tanto a Ena!

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por Tancredo Alemparte Nietzhager

Que gusto da sintonizar el noticiario y encontrarnos con nuestra vocera de gobierno. Ver cómo se desenvuelve con seguridad y elegancia en las turbulentas aguas de la política y la contingencia. Su nominación es una prueba más de la precisión quirúrgica de Sebastián al poner una mujer tan bella y preparada en esa cartera, un eslabón vital en el andamiaje de la Moneda y que durante los lúgubres años de la concertación vio desfilar a lo más abominable de la política pro comunista.  ¿Recuerdan al payaso de Vidal?, y mejor ni hablar de aquel ente andrógino que respondía al nombre de Tohá.

He escuchado que algunos la encuentran demasiado fría, indolente, muy alemana. Bueno, a ellos les digo que pueden quedarse con la simpática y afectuosa vieja de la Onemi, ese espanto de mujer cuya voz indica que empezó a fumar en el jardín infantil, y que ultimamente ha hecho el ridículo justificándose por su inoperancia, que significó la muerte de cientos de compatriotas. ¿Y qué me dicen  de la encantadora Yasna Provoste, o de la amorosa Paulina Urrutia?. La primera es derechamente una delincuente, pero Urrutia, al menos debió recordar que alguna vez le tocó representar a nuestra  Santa Teresita de Los Andes, antes de dejar la escoba en ese ministerio inútil.

Sobre el carácter alemán de Ena, les recuerdo que yo también tengo ancestros teutones (bávaros, igual que ella), y que soy tan chileno como cualquier Soto, o González. Incluso mis compañeros de polo me llaman el güachaca por la pasión con que vivo la chilenidad. También está esa niñita que le gusta nadar y que le faltan dientes, la Köbrich, que niñita más dije ella. Me he enterado que sus compañeras de natación también la tratan de alemana por su disciplina y seriedad. ¡Muchachas envidiosas, esa es la única forma de obtener medallas! Ustedes seguramente deben ser buenas para tirar la talla, y eso también es macanudo, pero ya ven como les ha ido. No le llegan ni a los talones a La Sirenita.

Pero lejos el mejor ejemplo de que no es necesario llamarse Juan Pérez para ser un chileno de tomo y lomo es nuestro primer astronauta chileno, Klaus von Torch, orgullo de la patria y a quien no me explico cómo aún no lo han coronado como Gran Güaripola (esta semana Dióscoro viene a cortarme el pasto, aprovecharé de proponerle mi idea). ¡Cómo celebrará el país en el Parque Italia cuando por fin te vayas al espacio Klaus!.

Antes de despedirme le quiero dedicar este himno a la selección, para que los aleone antes de los partidos. ¡Suerte muchachos y felicitaciones!, extiendo las felicitiaciones también a ti, Jose Miguel, ¡Recuerda que celebraremos tu investidura de rey güachaca tomándonos un martini bien seco en La Parva cuando comience la temporada de esquí!

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