Bitácora de perdedores

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A continuación, conmovedores relatos de gente como tú o como yo. Son historias cotidianas de personas a las que nada les ha resultado fácil y cuyas vidas han estado marcadas por la incomprensión y el rechazo. Sin embargo, ni las peores frustraciones y desventuras hacen mella en sus extraordinarios temples. Lea y enternézcase con estos tres ejemplos de vida. Son nuestros tres “loser heros”.

El karaoke

Era mi día libre y recién me habían pagado la quincena. Andaba con ganas de hacer algo distinto, conocer alguna chiquilla, charlar con alguien que no fuera un vecino de la cuadra o un compañero de trabajo, y decidí entrar a uno de esos bares de karaoke que están tan de moda. Apenas crucé la puerta eché un vistazo alrededor y advertí que el público estaba compuesto por algunas parejas y minúsculos grupos de chicas y chicos que charlaban desentendidos de cuanto ocurría sobre el escenario.

Después de cerciorarme de que no había nadie que me conociera entre el escaso público, me armé de valentía y subí a cantar una baladita de Zalito Reyes. Me esforcé bastante y orlé mi interpretación con gestos y muecas que acentuaran aún más la angustia y aflicción de la que trataba la letra.

Cuando terminé de cantar nadie aplaudió. Saqué un pañuelo y sequé el sudor de mi rostro, luego musité un tímido agradecimiento y volví a mi mesa atravesando un incómodo silencio. La cerveza estaba tibia. Mientras bebía con asco, escuchaba en sordina las digresiones y comentarios que emitía la gente acerca de mi performance. Mirándome y riendo descaradamente, se preguntaban acaso yo era un enfermo mental o talvez una persona tan excéntrica que causaba la impresión de serlo.

No volveré a frecuentar ese tipo de lugares. En mi próximo día libre me iré directamente al bar de René o a la Nona.

El telefonista

A veces no sé si me siento solo o si son mis puras ganas de tener sexo las que me obligan a llamar muchachas a horas inoportunas. Por suerte logro reaccionar después del tercer improperio somnoliento de las pobres importunadas…

Es que esto de trabajar de noche en un call center me ha cambiado la vida de manera insospechada. De romanticismo y cachondeo, ni hablar…

Y yo que en el colegio era el centro de las miradas femeninas, cuando me daba esas volteretas fascinantes en el los caballetes del gimnasio del liceo comercial. De ahí al pucho frente al kiosco, y a los atraques en el paradero, había un paso cortito. Pero las cosas cambiaron tanto…

Con decirles que hace tan sólo una semana tenía ganas de aforrarle al conserje de mi pega porque lo pillé afilándose a las tres de la mañana a la vieja del aseo. Esa señora era mi última oportunidad de no terminar el año con el miembro invicto, pero nada… ahora la veterana ya ni me coquetea como antes. ¿Qué se creerá la vieja fea?

Pero no me importa, porque estoy seguro que el próximo sí que será mi año… Lo que sí, ni loco me subo a una silla, ni daré vueltas a la manzana con maletas, ni me enguataré con lentejas pal año nuevo, porque durante los últimos cinco años ninguna de esas cosas me han dado resultado…

Ya chiquillos, los dejo porque tengo que llevarle las chalas a mi mamá al zapatero…
Exceso de cine

Hacia dos meses que no hablaba con alguien real. Me percato recién ahora que intento con dificultad explicarle mi malestar a una enfermera que seguramente ni siquiera me está escuchando.

Apenas caí en este brutal desencanto me compré una Smith & Wesson .22 y recorro armado las calles buscando un destino que me entusiasme. Evito frecuentar lugares que me rememoren situaciones aciagas o personas que me hayan causado mal.

A veces compro libros que me llaman la atención pero luego no soy capaz de hojear más allá del prólogo. Se los ofrezco amablemente a quien se me cruce pero sólo he recibido negativas y curiosas expresiones de rechazo y discriminación.

Probablemente la gente piense que los libros son la causa de mi semblante. Y quizás tengan razón, pero yo se lo atribuiría a otros libros.

De vez en cuando me paseo por algunos bares. Me ubico en un rincón y permanezco sin saber que hacer hasta que aparece una mesera y me pregunta si deseo beber algo. Mientras ella va en busca de mi trago, mi inconsciente expresa la apremiante urgencia de socializar. Como un androide me acerco a alguna mesa donde haya chicas y despliego toda mi ineptitud social hasta que me piden que me vaya o son ellas las que se marchan. Rara vez me topo con muchachas alternativas que encuentran graciosa mi torpeza y logramos entablar una plática insulsa y estéril. En esas ocasiones, luego de un rato, me despido amablemente y vuelvo solo a mi rincón, donde me aguarda mi trago desvanecido, sobre la mesa de la cual nunca me debí haber alejado. En un bar en donde jamás debí entrar.

Creo que esta noche veré por última vez Taxi Driver.

One Response to “Bitácora de perdedores”

  1. Anonymous Says:

    Trataba de hablar inglés y no podia a 12 hrs de vuelo de Chile en el centro de Manhattan …De regreso a Chile lo primero que pensé fue hacer un curso de inglés.Como vivo en el interior de la quinta región me acerque a NORTH CAROLINA ENGLISH CENTER pensando en aprender lo antes posible y regresar a la venta de manies en el corazón del mundo.No me creeran aprendí en sólo tres meses intensivos y a un muy bajo costo )testimonio 766544.NORTH CAROLINA ENGLISH CENTER ..en el corazón de la quinta región..P.Romano n. 92 Limache 56-33 417411 northcarolinaenglish@hotmail.com

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