El peruano Ocaranza (extracto de “Los Griegos”)
Tags: Droga, estupidez humana, Literatura, Los GriegosDurante los seis largos meses que Tobías estuvo cesante no fue la vecina Mercedes, ni el pastor Pereira, ni ninguno de aquellos indecentes que le palmotearon su espalda y le llamaban zalameramente “hermanito” los que salieron en su ayuda. El único que le tendió una mano fue Samuel Ocaranza, el peruano que vivía al final de la cuadra. Luego que Tobías le comentara su difícil situación mientras veían el partido de los seniors del Tres Carrera, Ocaranza le propuso lo de la pasta base. Tobías enloqueció y a duras penas lograron contenerlo para que no le reventara la cara a puñetazos al peruano. Pero los días pasaban y pronto llegaron los cortes de gas y de luz. En el almacén de don Manuel le congelaron la cuenta. Había que parar la olla de algún modo y prepararse para la llegada del nieto. A Tobías no le quedó más que tragarse el orgullo e ir a golpear la puerta de Ocaranza…
El peruano lo recibió amablemente, sin ningún rencor. Lo convido a sentarse en el aparatoso sillón de cuero negro. Lo noto algo tenso vecino, dijo Ocaranza, y accionando un botón del mando a distancia reclinó el sillón hasta dejarlo horizontal. Luego pulsó otro botón y el suave cuero comenzó a vibrar. Ocaranza se largó a reír ante la cara de espanto de Tobías, y éste rió también con breves carcajadas tiritonas. Mientras los nódulos de su espalda se disolvían sobre aquel sillón mágico, Tobías observó el living de Ocaranza. Sembrados a alrededor había tantos artículos electrónicos como en la vitrina de una multitienda. Televisores gigantes, equipos de música que casi llegaban al techo, computadoras. En un rincón, una serie de barriles barnizados con una guitarra de neón arriba conformaban el minibar. Las paredes estaban orladas por fotografías ampliadas de la familia en distintos parajes idílicos. Enormes retratos, realizados por un pintor de verdad, de Ocaranza, su joven mujer y sus siete hijos se asomaban entre los posters y banderines de
Alianza de Lima. Una camiseta enmarcada, autografiada por mi pata el chorri Palacios, según señaló Ocaranza con orgullo. Platicaron y luego de que Tobías jurara su absoluto compromiso, Ocaranza procedió a explicarle las reglas básicas del rubro. Tobías asentía tratando de retener cada palabra del peruano. De haber llevado lápiz y papel habría tomado nota de cada detalle. Por asumir el riesgo de vender su mercancía, el peruano le pagaría setecientos mil pesos. Según sus cálculos no tardarían más de dos semanas en lograrlo. Con don Freddy Tobías debía matarse haciendo horas extras para llegar a la mitad de ese dinero. Sellaron el acuerdo brindando con sus piscolas.-¡Marshall, bájate cuatro!- gritó Ocaranza, y en un minuto entraba a la sala su hijo cargando cuatro paquetes recubiertos de cinta de embalaje. A juzgar por los brazos tensos y el rostro abotagado del niño, a Tobías los paquetes le parecieron bastante pesados a pesar de su reducido tamaño. Tobías los recibió y comprobó que efectivamente lo eran. Aparte, Ocaranza le pasó cincuenta mil pesos. Tome patita, para que instale un negocito que espante a las viejas chismosas, le dijo, en un tono paternal. Al volver a casa Tobías se encerró en la habitación a hablar con tu mujer. A Laura casi le da una trombosis al escuchar el trato que acababa de realizar Tobías con el peruano, y antes de que terminara de explicarle ya estaba esgrimiendo la biblia y la moral para persuadirlo de esa idea tan loca. Bastó una hora de plática para que Laura tomara en consideración que sin la droga que amablemente les entregaba el peruano sólo se venía el hambre y más deudas. Finalmente aceptó, no sin antes exigir a Tobías que jurara que sólo se trataría de algo circunstancial, -Hasta que don Freddy te vuelva a llamar o te encuentres un nuevo trabajo- suplicó deshecha.
Al día siguiente se levantaron antes del amanecer y tomaron la micro hacia La Vega Central. Con el dinero que les entregó Ocaranza compraron la harina y los ingredientes necesarios para hacer pan amasado. Llegando a casa Tobías le encargó a Josesito que diseñara un cartel llamativo. ESQUICITO PAN AMASADO “DOÑA LAURA”, pregonaba el cartel, y orgulloso salieron a colgarlo en la reja. Algunas vecinas asomaron de sus casas, y no tardaron en hacer comentarios insidiosos sobre la ausencia en la escena de Laura., pero eso a Tobías no le importaba mayormente: mientras los chismes se enfocaran en los problemas familiares y en el pan, y no en la droga, todo fluía correctamente -Deberíamos tomarnos una foto, todos juntos con el cartel- señaló Josesito. Tobías le habría dicho que corriera a buscar la cámara y que tomara un rollo completo, de haber tenido una.
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Los cálculos del peruano Ocaranza no pudieron ser más exactos. Dos semanas, ni un día más ni un día menos. Eso fue lo que tardaron en deshacerse del último papelillo de pasta base. La fachada del pan amasado resultó perfecta. A todo el mundo le pareció de lo más normal, sólo los niños preguntaban por qué los peruanos pasaban tanto tiempo en la casa y por los adictos del barrio a altas horas de la noche llamaban a la puerta preguntando por pan. Tobías apeló al amor al prójimo para desviar sus sospechas. El último día el peruano pasó de madrugada a recoger el dinero reunido: dos bolsas negras de basura hasta el tope de billetes y monedas. Al otro día citó a Tobías a su casa y le pagó lo convenido, descontando los cincuenta mil pesos del pan amasado. Ocaranza le ofreció repetir el trato, pero Tobías se negó, fiel a la promesa realizada a su mujer. Además, las cosas habían mejorado ostensiblemente los últimos días. Un nuevo edificio licitado por Constructora Euclides lo llevaba de vuelta al trabajo, y lo del pan había resultado lo suficientemente lucrativo como para entusiasmar a Laura a seguir amasando. Al parecer, las oraciones de alguien estaban siendo atendidas…

























Mayo 16th, 2010 at 21:34
buenas tardes. como te va lo cierto es que yo no me encontraba buscando nada acerca de este tema y es que la verdad a mi este tema me aburre bastante :P, pero dejame felicitarte porque la manera en que redactas es fascinante. Por primera vez he encontrado contenido digno en la red. Un saludo.