96531728

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Sabía que no me desharía de ella hasta que su número de teléfono desapareciera por completo de mi mente. Sólo ocho dígitos, que marqué tantas veces como para que me quedara tatuado en las meninges….Para colmo siempre me destaqué por una excelente memoria: en la escuela repetía como una guacamaya extensos párrafos sin siquiera entenderlos. Más grande lo hacía con la letra de canciones y los parlamentos de las películas. Llegué a memorizar íntegramente todos los diálogos de Apocalipse Now, en español e inglés, en su versión clásica y redux,  desde el “Saigon…shit”, hasta el “the horror,  the horror”.

Después de un año apenas recordaba a Luz. Por su aspecto pedestre, su rostro fue el primero en difuminarse entre las decenas de pelás que me tiré por despecho. Su cuerpo me generaba nauseas de sólo recordarla empalada por el gasfiter con el que la sorprendí en mi cama. Pero su teléfono me gritaba en la cabeza como el diablo a un esquizofrénico Ahí permanecían los ocho malditos, altaneros en un lugar de privilegio de mi cabeza. Varias veces quise llamar a algún amigo para rajarme tomando o a alguna pelá para acostarme, y terminé marcando el número de Luz inconscientemente, por reflejo de desastre, como quien escucha pacientemente un mal chiste sólo para develar el final a viva voz.

Solía irme al trabajo jugueteando con los numeritos, descomponiendo esa cifra millonaria: buscando un factor común, haciendo sumatorias de sus dígitos, alineándolos según distintos patrones (les recuerdo que soy un poco obsesivo). Lentamente me fui dando cuenta que esos números contenían la estadística de la Tierra y de la Historia. En ellos descubrí encriptado el día en que nací, los campeonatos de la “U”, mi Rut, el número de orgasmos que logré recordar, los míos, los suyos, incluyendo las veces que me desplomé antes de irme y las que ella fingió de manera poco convincente. Cada día aparecían más datos que añadir a estas enfermizas ecuaciones y sin embargo las propiedades seguían cumpliéndose plenas. Menos iba a lograr extirpar su puto teléfono de mi cabeza. Lo veía en cada dirección, en cada patente, en las cuentas que tiraban bajo la puerta y que yo pateaba de vuelta, y que volvían a tirar cuando yo no estaba y que al volver de puro deprimido no volvía a patear y se acumulaban en el suelo hasta hacer casi imposible salir o entrar de esa pocilga. Y entonces lo vi, el pobre enigma desnudo y tullido: A lo largo de nuestra desgracia ella también me condensó, disminuyó, fragmentó y reconstruyó valiéndose de unos cuantos sentimientos básicos. Incluso me hizo alcanzar el absoluto y la nada mediante el odio, la lástima, la adulación y el desprecio. ¿Amor? No, eso jamás lo ejercitó en mi: el amor es una operación de alta complejidad. El amor en manos de una bruta como ella equivale a darle a la tecla RESET de la calculadora y lanzarla por la ventana de un auto en movimiento, o a descargar un descomunal golpe de bat en la cabeza, que deje muerto el hemisferio izquierdo…

3 Responses to “96531728”

  1. mad max Says:

    hubiera funcionado en la zona de contacto de los 90′.

  2. Sensei César Vergara Says:

    con unas pinceladas se vería flor en el blog de la feña

  3. wassup Says:

    Notable…

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