Fiebre de Amor (opus 3 y final) “La Pichanga”

Septiembre 27th, 2012 |

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…A medida que avanzábamos el tráfico fue desapareciendo. Las calles se iban tornando más angostas y los muros lucían panfletos y rayados de protestas ocurridas hacía años. El aire estaba enrarecido por el olor de un sinfín de almuerzos. Ya casi no había autos ni árboles, sólo perros hostiles que ladraban indiscriminadamente y jóvenes que nos miraban fijo, inmóviles en las esquinas. La tela del pantalón se adhería a mis rodillas rotas y los pies me ardían. Cada tanto me detenía a estirar mis calcetines húmedos, engullidos por los bototos, y luego tenía que trotar para alcanzar el tranco seguro de mi padre. Durante todo el trayecto traté de convencerme de que era hijo de aquel bruto. No podía imaginarlo cargándome cuando era una guagua, abrazando a mi madre, besándola. Tampoco me veía entregándole mi regalo del día del padre. Fortalecí mi idea de que no todos los padres eran como el filósofo, pero también no todos los hijos eran como Camilo. Yo en ese tiempo era lo que podría considerarse como un niño rudo, casi un matón, por lo tanto me pareció lógico que mi padre también lo fuera. Luego de una hora de camino desembocamos en la carretera. Una paloma atropellada yacía desparramada en una de las vías. Una paloma que aplastada tenía el tamaño de una gaviota. Extrañamente no había rastros de sangre en esa mancha blanca y gris, sólo el pico quebrado del pobre animal emergía del pavimento poroso, abriendo y cerrándose por la brisa, en un ahogado piar de auxilio… LEER MÁS »

Fiebre de Amor (opus 2) “Belerofonte”

Septiembre 26th, 2012 |

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…Cuando llegamos a la casa llovía a raudales. Los goterones barrían el zinc del techo y caían formando una cortina de agua sucia frente al pórtico. Los novios se quedaron besando en el auto y nosotros tuvimos que entrar. La mamá de Camilo pasaba la aspiradora en la habitación por lo que no pudimos ocupar los juguetes. Aburridos y sin más que hacer, Camilo propuso que recreáramos algunas escenas de la película. Me negué rotundamente, temiendo que me tocara hacer de Lucerito, pero Camilo ya se había asignado ese rol sin mediar palabra. Buscó ropa en el armario de la Carmen y se disfrazó. Era vergonzoso verlo así, un niño vestido como prostituta y con el rostro pintarrajeado de rouge y rimmel, pero se veía tan entusiasmado que no me quedó otra que seguirle el juego y reírme de sus ademanes afectados. Cuando mamá llegó a buscarme el rostro se le descompuso al sorprenderme con Camilo vestido así, abrazado a mis rodillas y jurándome un amor incondicional en Acapulco. Me tomó fuertemente del brazo y me llevó arrastrando a la casa.

-Muchas gracias vecina- gritó antes de cerrar la puerta. Traté de explicarle pero ella caminaba furibunda con la vista enfrente mascullando que me callara. Me metió en la tina y me bañó. Usted es un hombrecito, repetía con los dientes apretados, restregándome fuerte con la esponja. Me colocó el pijama y antes de meterme a la cama me dio un buen par de palmazos. Acostado y con la luz apagada, escuchaba desde la habitación a mamá contándole a la vecina Mercedita cómo me había encontrado jugando con Camilo. Ambas estaban indignadas. Es que ese cabro es tan raro, decía mamá. La señora Mercedita lanzó breves comentarios crípticos, mientras fumaban y bebían de la botella de moscatel que mamá guardaba bajo el lavaplatos.

-Tendrás que buscarlo y sentarte a conversar con él, el niño necesita un padre y él debe hacerse responsable de su hijo.

-Imagina qué hubiese ocurrido si el sargento no estuviera enfermo y lo hubiese pillado así. Tan sólo imagina que sería capaz de hacerle al niño si el bruto te amarraba el brazo a la espalda para que dejaras de escribir con la mano izquierda…
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Fiebre de Amor (opus I) “El Papamóvil”

Septiembre 24th, 2012 |

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1987. Ese fue el año en que el Papa Juan Pablo II visitó Chile. La verdad, que haya venido el Papa me importó y me sigue importando un carajo, pero recordaré muy bien su visita porque esa vez mi abuela me obligó a pegar con cola fría las casi tres mil banderitas del Vaticano que confeccionó para que los vecinos salieran a darle la bienvenida al Santo Padre. El cáncer la iba consumiendo lentamente y ella confiaba en que su vida de sacrificio y alejada del pecado la haría resaltar entre la muchedumbre ante los ojos de Su Santidad, quien le sonreiría desde el papamóvil y con un sólo gesto de su mano angélica haría retroceder la avanzada metástasis que apolillaba sus huesos. Ese día salió antes del amanecer y se colocó en primera fila tras las vallas. Soportó estoica el calor y la avalancha de fieles que la aplastaban, tan ávidos como ella de la bendición. Una comitiva rodeaba la cápsula vítrea que transportaba al mensajero de la vida. Mi abuela sólo alcanzó a ver un par de motoristas y a una mujer histérica que alzaba a su hijo por sobre las protecciones. Aún así llegó a casa diciendo que una energía liberadora había recorrido su cuerpo en el momento exacto en que el Papa pasaba frente suyo. Murió tres días después de que ese anciano inmaculado besara la losa de Pudahuel y bendijera al dictador… LEER MÁS »

Un Troncal llamado Adulterio (extracto)

Agosto 27th, 2012 | Tags: ,

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“…Recuerdo que cuando te conocí me pasé el resto de ese día y gran parte del siguiente montado arriba de un árbol. Al bajar -tan atontado como cuando subí- escribí nuestros nombres con una navaja en su corteza. Tu” y “Yo”, unidos por esa sencilla “y” que en ese instante me pareció tan poderosa como inflexible. El árbol –el único en esta historia que de verdad nunca tuvo la culpa de nada- fue la primera víctima en este guión terrible. Herido, lloró lágrimas de resina, tantas que podía sentarme a ver como las gruesas gotas descendían hasta llegar a la mera tierra, con una intensidad que sólo había visto en las vertientes de rimel que caían por los rostros de las putas con crisis moral que solía encontrar lamentándose desconsoladas en las bancas de parque Bustamante.

Al pobre árbol no le fue suficiente para tanto daño.

–Pero Elías, este pinche árbol está muerto-me dijiste el día que te mostré aquella suerte de pacto; y efectivamente, tus ojos me impedían notar lo evidente en ese esqueleto gris que estiraba sus falanges clamándole a un Dios mudo, en medio de una sinfónica de árboles tristes. Ayer pasé por ese lugar y adivina: me acordé de ti, ¿y sabes? Aún es posible distinguir nuestros nombres entre el liquen y otros símbolos que se fueron añadiendo a través del tiempo, en su mayoría alusivos al sexo y a ciertos equipos de fútbol. También encontré algunos insectos pequeños atrapados en la resina. Eso fue lo que más me llamó la atención. Reconocí algo de nosotros en sus siluetas estáticas, en el vuelo eterno e imaginario de sus élitros de aire. Pasará mucho tiempo para que pueda explicar qué estoy tratando de decirte con todo esto. Tanto que para cuando le encuentre un significado a estos fenómenos los pobres bichos ya lucirán irredentos dentro de una gema de ámbar, colgados al cuello de una mujer tan frívola como alguien que conozco, y para cuando eso ocurra nosotros ya habremos muerto unas cien veces, Tu y Yo”…”

Metales Pesados

Mayo 7th, 2012 |

peaje

Por Gabriela Muñoz

(Laboratorio Poético La Gran Arcada)

If I groundloop during my flying lesson on

Saturday you might wake up and find me

next to you”.

Catherine, Crash, David Cronenberg.

Hace 12 años que descubrió la película Crash, y desde ahí que no pudo dejar de excitarse con la chatarra y los accidentes automovilísticos. Frecuentaba desarmadurías y talleres mecánicos, se enamoraba de soldadores al arco, miembros de la SIAT, y uno que otro chofer de grúas. Desempleada, pasó varios meses comprando el diario en búsqueda de un trabajo que le acomodara. Cuando apareció el aviso de que necesitaban una cajera para el peaje Lo Prado en la ruta 68, no dejó pasar la oportunidad. Se quedó con el turno de noche.

Motores, luces, barras que parecían penes gigantes levantándose a voluntad a un toque de botón. Su nombre impreso en cada boleta, signo inequívoco de marca a fuego en cada automovilista: Fabiola Cárcamo Silva. Feliz de controlar a sus amantes imaginarios, feliz de ser deseada, que 60 pasen por su caja cada 5 minutos, que sea su mano la que les alce la barra.

Una cámara de seguridad proyectada en una esquina vigila sus masturbaciones en el cubículo. A veces la mira de frente, le gusta seducir al guardia del otro lado de la pantalla en sus ratos libres, las madrugadas de los días de semana. Ha visto pasar actores, animadores, políticos y toda clase de personas comunes, sin embargo, nada la llena más que la cantidad innumerable de automovilistas con prótesis ortopédicas que alcanza a ver desde su casilla y que con agudeza visual siempre encuentra el inicio metálico que reemplaza artificialmente la extremidad amputada, soñando con poner sus manos encima y sentir esas piezas en ella, coqueteando con el límite del daño y la herida. Como regalo de un Dios perverso que la vigila, llega una noche su cambio de turno. Su relevo es un joven con un brazo menos quien sin entender nada choca contra la pared ante el impulso violento de Fabiola por abalanzarse e intentar por todos los medios meter esa gran prótesis dentro de su diminuta boca. Desconcertado intenta alejarla pero la cajera lo arrincona como si no hubiese mañana y comienza a desvestirlo sin dejar de acariciar su brazo artificial. El joven asustado, presiona el botón de seguridad en un acto desesperado por impedir la inminente violación y por restablecer la cordura en ese espacio concesionado.

Llega el gran guardia,  el que conoce el cuerpo de Fabiola al revés y al derecho. El que ha espiado cada movimiento y se ha masturbado en la sala llena de televisores.

El joven se tranquiliza, Fabiola se detiene. El guardia mira a su musa, la que lo ha acompañado en sus solitarias noches y le dice:

-“Por fin sita Fabiola”.

Empuja al manco quien en medio de la confusión decide partir lo más rápido posible mientras la mujer y el guardia comienzan tocarse sobre las bolsas monedas que están sobre el mesón.

Fabiola no alcanzó a cumplir el sueño de la prótesis, pero el gorila la mantuvo ocupada por los siguientes 30 minutos.

LA COLUMNA DE PILAR ZURDA. HOY: “Una buena chanca de palos”.

Abril 28th, 2012 |

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En mi consulta, hace unos años llegó una madre muy afligida. Se llamaba Morelia, y tenía un hijo insoportable llamado Jesús. Menos mal que tenía nombre de santo, cómo hubiese sido el pendejo con otro nombre. Dijo que no sabía cómo controlarlo, ¡porque las madres somos muy brutas! Si el cabro chico tiene maña, lo primero que hacemos es comprarle un dulce, después llega la abuela y le dice:-Mijito no llore. Y una ahí con ganas de crucificarlo, pero se reprime. Me contó que su hijo la semana pasada, se escapó de la casa para ir a un bingo de la junta de vecinos. Y la mamá por supuesto no tenía idea donde estaba el cabro de mierda. Porque las madres nos pasamos con careculo y no sabemos donde están nuestros hijos. La cuestión es que se arrancó y ella como pelotuda buscándolo en casa de los amigos del colegio, el almacén y cuanta burrada se le ocurrió.

A la hora y media apareció muy campante con cara de ¿Porqué tenis esa cara de loca? Y la Morelia, la de la consulta, lo quedó mirando efectivamente con cara de loca. En eso el cabro chico no encuenshra nada mejor que poner cara de gil y decirle:- ¡Mamita me gané una plancha!

Adivinen qué hizo la Morelia… Agarró el cordón de la misma plancha que se ganó en el bingo y le dio una buena chanca. Adivinen qué le dije yo… Morelia, no está bien lo que hiciste, el pendejo de mierda se merecía que le dejaray la boca como poto de chancho por haberte desobedecido, yo hijo mío, (y aquí la psicología no tiene nada que ver) le hubiese ensartado el mismo enchufe donde ustedes saben.

La invitación por lo tanto para padres e hijos para esta semana es :

“Debemos sentarnos a conversar, mirarnos a los ojos y descubrir que todos queremos lo mismo, que los caminos pueden ser diferentes pero al final del día, todos lloramos por las mismas cosas, amamos las mismas cosas importantes de la vida y por lo tanto debemos potenciar otras emociones y no sólo la rabia”.